"Yo no pretendo enseñarte lo que es el mundo me falta también, pero vale la pena disfrutar cada día con mas Flow. Di lo que sientas, has lo que piensas, da lo que tengas y no te arrepientas. Serás del tamaño de tus pensamientos, no te permitas fracasar y sino llega lo que esperabas no te conformes jamás te detengas... No te límites por lo que digan, sé lo que quieras, pero sé tu mismo, y ante todas las cosas nunca te olvides de Dios".

lunes, 23 de enero de 2012

Potencia lo mejor de ti mismo

La autoestima es un ingrediente básico del bienestar emocional puesto que supone la aceptación de uno mismo que es base y fundamento de la relación gratificante con los demás.
Cuando una persona se quiere a sí misma se cree también merecedora del respeto y del trato adecuado por parte de los otros de tal forma que rechazará cualquier actitud que considere inconveniente. Generalmente, prestamos mucha atención a las relaciones sociales, tenemos inquietud por hacer nuevas amistades, conocer el amor y construir una pareja, rodearnos de nuestra familia, queremos caer bien a los nuevos compañeros de trabajo… Sin embargo, son pocos los momentos en los que nos detenemos unos instantes a reflexionar sobre nosotros mismos y el concepto que tenemos de nuestro yo interno. Es curioso que a veces dicha imagen difiere en aquello que los demás consideran de nosotros.

En este artículo, vamos a prestar especial atención a qué medios puede utilizar una persona para fortalecer su autoestima y atreverse a perseguir sus sueños y convertirlos en realidades porque dentro de sí misma tiene todas las herramientas necesarias para conseguirlo: autenticidad, confianza, creatividad, fuerza y ganas. La vida es acción, estamos en constante movimiento, por esta razón, debemos asumir que debemos trabajar por aquello que deseamos de la misma forma que nuestro propio corazón trabaja continuamente bombeando nuestra sangre para darnos un minuto más de vida. La pregunta es…. ¿qué quieres hacer con tu vida?, ¿hacia dónde te diriges?, ¿qué quieres hacer para sentirte feliz?

En ocasiones, nos sometemos a las trampas del lenguaje y decimos frases del tipo: “Juan me hace sentir bien”. En realidad eres tú mismo quien en ese momento se siente bien en su compañía pero él no tiene ningún poder sobre ti. Si utilizamos el lenguaje de esta forma pronto podremos caer en el error de culpar al otro cuando no nos sentimos de la misma forma ya que le otorgamos el poder de nuestro estado de ánimo. Comencemos a hablar en primera persona. Asumamos riesgos. Vivamos siempre desde los deseos más profundos y sinceros de nuestra alma. Quizá al principio no te resulte fácil pero los beneficios que obtendrás serán muy grandes.

Identifica las situaciones

Es recomendable que analices diferentes momentos que te producen emociones agradables o desagradables, conozcas los motivos de dichos sentimientos, aprendas a expresarlos con asertividad… Principalmente, es fundamental que no huyas de las situaciones sólo por las emociones que te producen ya que este tipo de comportamiento es propio de personas que padecen ansiedad. Por el contrario, la ansiedad tiende a crecer cuando se reprime o cuando se evitan las situaciones que la producen no sólo por miedo a dicha situación sino también por miedo a que se produzca el propio proceso ansioso.

Cuando hayas tenido un mal día puedes buscar la forma de premiarte a ti mismo para compensar la negatividad experimentada con la gratificación de la recompensa. Puedes optar por hacer un plan con el que de verdad disfrutes, regalarte una comida que te guste, hacer algún tipo de deporte, leer un buen libro, ir al cine a ver una película que te han recomendado… El tema es que debes buscar espacios que sean solo tuyo y te ayuden a restablecerte interiormente y a sobrellevar la carga generada por el malestar de la negatividad que va robando energía no sólo emocional sino también física.

A lo largo de la vida, todos descubrimos que tenemos que realizar muchas cosas que no son agradables, sin embargo, son necesarias. En su necesidad está la razón de ser de este tipo de acciones. Es necesario aquello que no puede ser de otra manera. Es contingente aquello que puede ser o no ser.

Acepta el reconocimiento de los demás

Una de las necesidades básicas del ser humano es la necesidad de reconocimiento por parte del prójimo de forma que la indiferencia es uno de los peores castigos.
 

Sin embargo, vivimos en una sociedad caracterizada por la economía de caricias positivas. Ejemplos de caricias positivas: me alegro de verte, hoy estás muy guapo/a, me gusta mucho tu nueva ropa, hiciste un buen trabajo, muchas gracias por tu colaboración… En definitiva, las caricias positivas son el alimento emocional del ser humano ya que igual que el cuerpo necesita vitaminas para sobrevivir, el alma también necesita lo que algunos autores han llamado la “hucha emocional”. Igual que sucede en la cuenta del banco que se queda vacía si sólo se saca dinero y nunca se ingresan nuevas cantidades económicas, la mente humana se desgasta si sólo recibe palabras desagradables en la forma de caricias negativas o mixtas.

Ante tal ley de economía de caricias, también sucede que una persona se siente incómoda cuando las recibe, sin embargo, debemos aprender a aceptar las caricias positivas que nos regalan los demás de forma natural, del mismo modo que rechazaremos aquellas caricias negativas que consideramos injustas. En última instancia, la finalidad de las caricias positivas y negativas es la misma: recibir reconocimiento por parte del otro.

Como conclusión, me gustaría recomendarte que a partir de ahora no sólo tengas en cuenta las caricias positivas que recibes de los demás sino que tú también te dediques pensamientos positivos e ideas agradables sobre ti mismo incluso en los momentos en que consideres que has hecho algo de forma equivocada porque si lo piensas bien seguro que incluso en ese contexto hubo algo que hiciste de la forma adecuada. Pero no te castigues a ti mismo de una forma inhumana y piensa, simplemente, que eres una persona de carne y hueso con virtudes y defectos que está en un constante proceso de aprendizaje vital. Mañana lo harás mejor pero no tengas prisa porque si ya has revisado alguno de mis artículos recordarás que lo más importante siempre es el presente. Respira hondo cada vez que vayas con tu pensamiento al mañana. Céntrate en tus sentidos que te conectan de manera instantánea con lo inmediato: el aquí y el ahora.


Aléjate de las obsesiones

La mejor forma de poner límite al pensamiento es actuar. El modo más eficaz de parar las ideas repetidas que se generan dentro de un círculo vicioso es el obrar. La reflexión en orden a la prudencia es una virtud, sin embargo, el pensamiento que contribuye a alimentar una obsesión es una carencia. Si en algún momento sientes que estás dando vueltas a algo sin encontrar una solución quizá deberías dejar de centrarte en ese asunto. O si estás pensando en aquello que en realidad no depende de ti también deberías alejarte mentalmente de esa idea cuya solución no está al alcance de tu voluntad. La obsesión te aleja del momento actual y te impide concentrarte en aquello que te de verdad importa.

Nadie puede conocerte tan bien a ti mismo como tú especialmente a este nivel ya que nadie tiene el poder de atravesar tu inteligencia y analizar tu mundo ideal de conceptos y esquemas. Por esta razón, si sientes que existe alguna obsesión que limita tu vida toma conciencia de tu enorme poder para controlarla a través de la acción aprendiendo incluso a convivir con ella. Es decir, puede que te cueste erradicarla de raíz, sin embargo, habrá algo que siempre podrás hacer: actuar a pesar de ella. Moverte a pesar del miedo que puedas sentir. Conforme vayas actuando y compruebes que no pasa nada y que la mayoría de las obsesiones son sólo ideas negativas que no tienen alcance en la realidad entonces dejarás de tenerlas en cuenta.

 Valora lo positivo de ti

Piensa en la cantidad de cosas que haces bien a lo largo del día. Analiza también aquellos momentos agradables que experimentas desde la mañana. Para analizar bien debes enumerar incluso los detalles más insignificantes ya que equivocadamente dedicamos muchos más tiempo a centrar nuestra atención en los aspectos negativos y dejamos de lado la cantidad de positividad que existe en nuestro presente.

Por otra parte, en relación con todas aquellas cosas que te suponen un esfuerzo añadido porque no te gustan, entonces, debes hacerlas antes que las demás y motivarte a ti mismo interiormente con algo que realizarás después y que en realidad sí te agrada. Dejar las cosas para mañana no descansa sino que cansa. La pereza agota pese a que a veces pensemos lo contrario. La inactividad continuada produce un cansancio infinito y apatía. El sentido del reposo es descansar para volver a actuar. Por tanto, toma fuerzas, respira, y empieza pronto con aquello que más te cuesta realizar porque así te sentirá libre para hacer aquello que de verdad te resulta agradable o vocacional. Piensa que la mayoría de las veces lo que más cuesta es precisamente empezar. Una vez que ya has comenzado, todo lo demás viene dado.

Sé realista, creativo y diviértete en tu vida porque aunque puedas conocer tus limitaciones personales también puedes descubrir todo tu potencial interno.

 Sonríe

Hoy día los expertos centran sus estudios en la importancia de la comunicación corporal. La sonrisa abre las puertas de tu alma al otro; acoge en el encuentro directo con el prójimo Da una bienvenida agradable. Incluso en aquel momento en que te obligues a ti mismo a sonreír descubrirás que ese gesto forzado llegado el momento será natural porque habrá producido sobre ti un efecto a nivel emocional. Las personas nos acercamos a aquel que sonría más que aquel que nos recibe con seriedad. Es una tendencia natural perseguir aquello que resulta agradable y evitar lo desagradable porque molesta o hiere.

Anteriormente, analizamos las caricias positivas. Pues bien, la sonrisa es una caricia positiva que, por tanto, alimenta el espíritu. Igual que la sonrisa, la risa es fundamental para relajar la tensión y el sentido del humor siempre alivia cualquier momento de dificultad. La risa siempre poner en contacto a un grupo de personas ya que incluso a veces la propia carcajada aumenta cuando se escucha el eco sonoro de la risa del otro. Aprende a relativizarte a ti mismo cuando sea necesario y piensa que el humor es un ingrediente fundamental para descubrir que la vida nos brinda la oportunidad de divertirnos incluso en los detalles más pequeños.

Victor Frankl, fundador de la logoterapia y autor de la obra “El hombre en busca de sentido” utilizó el sentido del humor incluso en las condiciones más dramáticas de su existencia cuando estuvo prisionero en los campos de concentración. Recomiendo la lectura de sus obras a todos los lectores que se hayan acercado a este trabajo y tengan inquietud por seguir aprendiendo en temas de superación personal.


 Aprende a decir no

Una de las mayores metas que puede proponerse una persona es aprender a decir no. No a una petición o favor del otro por muy cercano que sea. La clave está en saber que cuando decimos que no simplemente estamos rechazando una idea pero no es un rechazo directo hacia otra persona en concreto a la que queremos igual que antes. De tal forma, no tiene sentido el chantaje emocional ya que cuando alguien nos formula una petición debe asumir anteriormente que su petición sólo puede tener una respuesta: sí o no. En otras ocasiones, también puedes aprender a alcanzar acuerdos con el prójimo que son fundamentales, por ejemplo, para el trabajo en equipo.

En cualquier caso, lo cierto es que nunca deberías realizar nada que te haga sentir mal, que crees que va en contra de tus principios o que, sencillamente, sientes que una voz interna te repite continuamente que no lo hagas. No estás obligado a agradar continuamente a los demás sino a ti mismo.

Nadie nos va a querer más simplemente porque siempre digamos que sí a sus propuestas. Muy al contrario, esa persona puede terminar utilizándonos como una marioneta y dándonos un valor de objetos que sirven para algo. Por el contrario, aquel que nos quiere de verdad comprenderá nuestras decisiones aunque quizás necesite un poco de tiempo para hacerlo. Pero no sólo nos respetará sino que además reforzará nuestro propio modo de ser. Aquel que te quiere de verdad te ayuda a ser más tú todavía pero no te pide que finjas ni te pone condiciones.

Rodéate de los consejos de los demás, de aquellos que te quieren, ten en cuenta su punto de vista pero piensa que en última instancia la decisión siempre es tuya. Confía en ti mismo y en tu equipo cuando formes parte de un grupo que se mueve por la misma finalidad.

 La creatividad

¿Te gusta escribir? Entones escribe. ¿Te gusta pintar? Compra pintura y un pincel y pinta. Dale rienda suelta a tu creatividad. Descubre qué es aquello que está llamado a realizar. Dime… ¿cuál es tu vocación? Cuando tengas la respuesta piensa si no crees que sería más gratificante vivir dedicando un tiempo y un espacio a aquello que te hace sentir bien. A lo mejor, por determinadas circunstancias te has visto obligado a trabajar en algo que no te gusta demasiado, sin embargo, el día es muy largo y seguro que puedes encontrar una forma de desarrollar tu creatividad. Puedes ponerte manos a la obra e investigar ya que en la mayoría de las ocasiones la mayor limitación es la falta de información, sin embargo, hoy día Internet te ofrece información rápida y segura desde tu propia casa. Por otra parte, existen muchas opciones de voluntariado que buscan personas especializadas para realizar diferentes actividades. Deja que tus deseos te guíen y muevan tu voluntad en la orientación adecuada en orden a tu propia felicidad personal. Cierra tus ojos y dime: ¿Dónde quieres estar dentro de un año?, ¿qué te gustaría estar haciendo exactamente? Entonces, ponte en movimiento y trabaja desde este instante para que tu deseo pueda ser real cuando transcurra este tiempo. Te deseo mucha suerte en tu aventura vital y no olvides que no estás sólo ya que a tu alrededor tienes amigos, familia y personas que estarían encantadas de conocerte y compartir contigo un pedacito de vida.

Detecta los miedos que te limitan y levántate cada mañana con una idea fija en tu mente: Coraje, coraje y coraje para vivir más y mejor. Fuerza para sobreponerte a los obstáculos. Y ganas de enfrentar nuevos retos. Aprovecha el tiempo porque pasa demasiado rápido como para desperdiciarlo en temores. Simplemente, aprende de tus errores pasados y utiliza dicho aprendizaje de forma eficaz en el presente y más todavía de cara al futuro cuando tu mochila vital esté llena de experiencia.

 La frustración

Igual que anteriormente hablamos sobre las obsesiones ahora vamos a dedicar un espacio a la emoción de la frustración porque acarrea enorme sensación de infelicidad.

Es mejor experimentar tristeza que frustración en cualquier caso pueden ser emociones totalmente naturales ante determinadas circunstancias. Sin embargo, conviene evitar la frustración porque quizá nos impida intentarlo de nuevo. Y lo cierto es que a veces la clave del éxito está en tener la constancia necesaria para repetir algo muchas veces, insistir más y más y no darse por vencido más allá de los resultados inmediatos. Que las cosas sean hoy de una manera no significa que siempre vayan a ser así. No olvides que todo está en un proceso constante de evolución por tanto quizá mañana sea posible aquello que hoy a simple vista parece imposible. Los actores siempre explican la cantidad de castings que tuvieron que superar antes de obtener su primera prueba. Muchos de ellos, si se hubiesen desmotivado en los inicios, no habrían llegado a tener una carrera de éxito.

Los beneficios de la memoria son infinitos si la utilizamos de la forma adecuada: en lugar de recrearnos en el dolor debemos recordar todos aquellos límites que superamos con éxito. El recuerdo de los momentos agradables, propio de la actitud mental positiva, te dará fuerza y confianza en tus propias posibilidades. Enhorabuena por todos los éxitos que ya alcanzaste en el pasado y enhorabuena también por todo aquello que conseguirás a lo largo de tu vida.

Muchas gracias!!

Quiero finalizar regalándote una caricia sincera y agradable por haber participado como lect@r: Muchas gracias de verdad por tu tiempo, tus ganas y tu interés. Estás páginas no tendrían ningún sentido si no hubiese una persona interesada en leerlas.

Si tienes alguna sugerencia que pueda ayudar a mejorar el contenido del texto no dudes en dejar algún comentario que por supuesto tendré en cuenta siempre con un espíritu crítico y positivo con el objetivo de  mejorar .



 

lunes, 16 de enero de 2012

PSICOLOGÍA POSITIVA

Si hacemos el ejercicio de preguntar a diferentes personas de todo tipo y condición por el objetivo de la psicología y el papel de aquellos que a ella se dedican, seguramente encontremos una respuesta predominante: tratar y curar los trastornos de la mente. Ciertamente, durante muchos años la psicología se ha centrado exclusivamente en el estudio de la patología y la debilidad del ser humano, llegando a identificar y casi confundir psicología con psicopatología y psicoterapia. Este fenómeno ha dado lugar a un marco teórico de carácter patogénico que ha sesgado ampliamente el estudio de la mente humana. Así, la focalización exclusiva en lo negativo que ha dominado la psicología durante tanto tiempo, ha llevado a asumir un modelo de la existencia humana que ha olvidado e incluso negado las características positivas del ser humano (Seligman y Csikszentmihalyi, 2000) y que ha contribuido a adoptar una visión pesimista de la naturaleza humana (Gilham y Seligman, 1999). De esta manera, características como la alegría, el optimismo, la creatividad, el humor, la ilusión… han sido ignoradas o explicadas superficialmente. Las limitaciones de esta focalización en lo negativo comienza ha ser puesta en evidencia en los últimos años y en diferentes trastornos. Así por ejemplo, los trastornos depresivos parecen encontrarse deficientemente explicados desde un modelo basado exclusivamente en emociones negativas. La depresión no es sólo presencia de emociones negativas, sino ausencia de emociones positivas, algo fundamental, por ejemplo, a la hora de elaborar tratamientos. En este sentido, las técnicas y terapias elaboradas para luchar contra la depresión se han centrado tradicionalmente en la eliminación de emociones negativas como la apatía, la tristeza, la indefensión, etc. Sin embargo, investigaciones llevadas a cabo en los últimos años han comenzado a desarrollar estrategias de intervención basadas en la estimulación en el sujeto deprimido de emociones positivas como alegría, ilusión, esperanza, etc.Gran parte de la investigación y el esfuerzo teórico realizado por los psicólogos en los últimos años ha estado centrada en buscar la manera de prevenir el desarrollo de trastornos en sujetos potencialmente vulnerables (sujetos de riesgo). Sin embargo, no puede obviarse, que aún hoy, la psicología se ha mostrado incapaz de dar solución a esta cuestión. El modelo patogénico adoptado durante tantos años se ha mostrado incapaz de acercarse a la prevención del trastorno mental. Quizá la clave de este fracaso se encuentre en que la prevención siempre ha sido entendida desde los aspectos negativos y se ha centrado en evitar o eliminar las emociones negativas. De hecho, los mayores progresos en prevención han venido de perspectivas centradas en la construcción sistemática de competencias (Seligman, 2000). En este sentido, se ha demostrado que existen fortalezas humanas que actúan como amortiguadoras contra el trastorno mental y parece existir suficiente evidencia empírica para afirmar que determinadas características positivas y fortalezas humanas, como el optimismo, la esperanza, la perseverancia o el valor, entre otras, actúan como barreras contra dichos trastornos. La perspectiva reduccionista ha convertido a la Psicología en una “ciencia de la victimología” (Seligman y Csikszentmihalyi, 2000). De forma histórica, la psicología ha concebido al ser humano como un sujeto pasivo, que reacciona ante los estímulos del ambiente. El foco de la psicología aplicada se ha centrado en curar el sufrimiento de los individuos y ha habido una explosión en la investigación de los trastornos mentales y los efectos negativos de estímulos estresores. Los profesionales tienen el cometido de tratar los trastornos mentales de los pacientes dentro de un marco patogénico en el que es crucial la reparación del daño. Sin embargo, la psicología no es sólo un brazo de la medicina centrado en la enfermedad- salud mental, es mucho más que eso. En los últimos años se han alzado voces que, retomando las ideas de la psicología humanista acerca de la necesidad del estudio de la “parte positiva” de la existencia humana han aportado un sólido soporte empírico y científico a esta parte descuidada de la psicología. El término “psicología positiva” ha sido desarrollado por Martin Seligman, investigador que, habiendo dedicado gran parte de su carrera al trastorno mental y al desarrollo de conceptos como la indefensión aprendida, ha dado un giro radical en su orientación, elaborando y promoviendo una concepción más positiva de la especie humana. La psicología positiva tiene como objetivo mejorar la calidad de vida y prevenir la aparición de trastornos mentales y patologías. La concepción actual focalizada en lo patológico se centra en corregir defectos y reparar aquello que ya se ha roto. Por el contrario, la psicología positiva insiste en la construcción de competencias y en la prevención. Para Seligman, el concepto de psicología positiva no es nuevo en la psicología, ya que antes de la Segunda Guerra Mundial los objetivos principales de la psicología eran tres: curar los trastornos mentales, hacer las vidas de las personas más productivas y plenas e identificar y desarrollar el talento y la inteligencia de las personas. Sin embargo, tras la guerra, diferentes eventos y circunstancias llevaron a la psicología a olvidar dos de esos objetivos y a centrarse exclusivamente en el trastorno mental y el sufrimiento humano (Seligman y Csikszentmihalyi, 2000).


De la misma manera, podemos encontrar claras tendencias positivistas en la corriente humanista de la psicología, floreciente en los años 60 y representada por autores tan reconocidos como Carl Rogers, Abraham Maslow o Erich Fromm. Desgraciadamente, la psicología humanista no se ha visto acompañada de una base empírica sólida y ha dado lugar a una inmensa cantidad de movimientos de autoayuda dudosos y poco fiables (Seligman y Csikszentmihalyi, 2000).  En esta búsqueda de lo mejor del ser humano, de las cosas buenas que hacen que florezca su potencial, la psicología positiva no confía en sueños dorados, utopías, espejismos, fe, ni auto-engaño, sino que adopta el método de la psicología científica, ampliando el campo tradicional de actuación y distanciándose de dudosos métodos de autoayuda o filosofías espirituales que tanto proliferan en nuestros días. En palabras de Martin Seligman, la psicología positiva surge como un intento de superar la resistente barrera del 65% de éxito que todas las psicoterapias han sido incapaces de sobrepasar hasta hoy. Las técnicas que surgen de la investigación en psicología positiva vienen a apoyar y complementar las ya existentes. Gracias a la investigación teórica en torno a este área, el abanico de la intervención se verá ampliamente enriquecido. En este sentido, la relación de variables como el optimismo, el humor o las emociones positivas en los estados físicos de salud se alza como uno de los puntos clave de la investigación en psicología positiva. A lo largo de los próximos años es de esperar una gran cantidad de resultados empíricos que vayan dando forma a una nueva teoría de la psicología. La psicología positiva no esUn movimiento filosófico ni espiritual, no pretende promover el crecimiento espiritual ni humano a través de métodos dudosamente establecidos.
                                                                                                     
No es un ejercicio de autoayuda ni un método mágico para alcanzar la felicidad. No pretende ser un abrigo bajo el que arropar creencias y dogmas de fe, ni siquiera un camino a seguir por nadie. La psicología positiva no debe ser confundida en ningún caso con una corriente dogmática que pretende atraer adeptos ni seguidores, y en ningún caso debe ser entendida fuera de un riguroso contexto profesional. La psicología positiva esuna rama de la psicología que busca comprender, a través de la investigación científica, los procesos que subyacen a las cualidades y emociones positivas del ser humano, durante tanto tiempo ignoradas por la psicología. El objeto de este interés no es otro que aportar nuevos conocimientos acerca de la psique humana no sólo para ayudar a resolver los problemas de salud mental que adolecen a los individuos, sino también para alcanzar mejor calidad de vida y bienestar, todo ello sin apartarse nunca de la más rigurosa metodología científica propia de toda ciencia de la salud. La psicología positiva representa un nuevo punto de vista desde el que entender la psicología y la salud mental que viene a complementar y apoyar al ya existente.                                                               
                                                                           
RETOS PARA EL FUTURO
La psicología tiene que superar los conceptos centrados en la patología y crear una terminología positiva que complemente las abundantes expresiones negativas tan presentes en la psicología tradicional. Tiene también que crear nuevos instrumentos de evaluación, centrados en identificar las fortalezas del individuo, para así orientar la prevención y los tratamientos y potenciar el desarrollo personal de las personas. Y tiene que diseñar programas de intervención y técnicas dirigidas a desarrollar los valiosos recursos que las personas, los grupos y las comunidades sin duda poseen. El impacto de estos desarrollos no sólo tendrá efectos positivos individuales, también tendrá efectos sociales beneficios en un mundo complejo que constantemente plantea nuevos retos para sus habitantes. A lo largo de este número monográfico se pretende dar una visión general de algunas de las áreas de interés de la psicología positiva, así como un primer acercamiento al desarrollo de instrumentos válidos y fiables con los que trabajar.
  
EMOCIONES POSITIVAS
La mayoría de los investigadores que se han dedicado a estudiar las emociones se han centrado exclusivamente en las negativas y hasta cierto punto puede resultar lógico si consideramos que emociones como el miedo, la tristeza o la ira son señales de alarma que si se obvian sistemáticamente pueden generar problemas de una magnitud considerable. La tendencia natural a estudiar aquello que amenaza el bienestar del ser humano ha llevado a centrar el interés en aquellas emociones que ayudan a hacer frente a peligros o problemas inminentes. Además existen otras razones que explican el olvido al que han sido relegadas las emociones positivas en la ciencia. Las emociones positivas, por ejemplo, son más difíciles de estudiar, debido a que comparativamente son menos en cantidad que las negativas y a que son más difíciles de distinguir. Así, considerando las taxonomías científicas de las emociones básicas podemos identificar 3 ó 4 emociones negativas por cada emoción positiva. Ese balance negativo queda muy bien reflejado en el propio lenguaje cotidiano, de forma que cualquier persona tendrá siempre mayor dificultad para nombrar emociones positivas. También existen diferencias en cuanto a la expresión de unas y de otras. Así, las emociones negativas disponen de configuraciones faciales específicas y propias que hacen posible su reconocimiento universal (Ekman, 1989). Por el contrario, las emociones positivas no poseen expresiones faciales únicas y características. Incluso, a un nivel neurológico, las emociones negativas desencadenan diferentes respuestas en el sistema nervioso autonómico, mientras que las emociones positivas no provocan respuestas diferenciadas. Otra razón que explica el desequilibrio entre el interés científico por un tipo de emociones frente a otras podemos encontrarla en la propia forma de abordar su estudio. Así, cuando los investigadores se han aproximado al estudio de las emociones positivas, lo han hecho siempre desde el marco teórico propio de las emociones negativas. Desde esa perspectiva, las emociones están, por definición, asociadas a impulsos de acción. Las emociones negativas tienen un obvio valor adaptativo, representan soluciones eficientes a los problemas a los que se ha venido enfrentando el hombre desde sus orígenes. Sin embargo, el valor adaptativo de las emociones positivas es más complejo de explicar y durante años ha sido ignorado. Pero si realmente tuvieran poco valor, cabría preguntarse por qué han permanecido con nosotros a lo largo de miles de años de evolución.
¿Cuál es, por tanto, el valor adaptativo de las emociones positivas? Es posible responder a esta cuestión si abandonamos el marco teórico bajo el que entendemos las emociones negativas. Las emociones positivas resuelven problemas relacionados con el crecimiento personal y el desarrollo. Experimentar emociones positivas lleva a estados mentales y modos de comportamiento que de forma indirecta preparan al individuo para enfrentar con éxito dificultades y adversidades venideras (Fredrickson, 2001). Afortunadamente, en los últimos años, muchos expertos han comenzado a investigar y teorizar en este campo, abriendo una nueva forma de entender la psicología humana. Una de las teorías que de manera más sólida representan esta corriente es la desarrollada por Bárbara Fredrickson. Esta autora reivindica la importancia de las emociones positivas como medio para solventar muchos de los problemas que generan las emociones negativas y cómo a través de ellas el ser humano puede conseguir sobreponerse a los momentos difíciles y salir fortalecidos de ellos. Según este modelo, las emociones positivas pueden ser canalizadas hacia la prevención, el tratamiento y el afrontamiento de forma que se transformen en verdaderas armas para enfrentar problemas (Fredrickson, 2000).

OPTIMISMO
El optimismo es una característica psicológica disposicional que remite a expectativas positivas y objetivos de futuro y cuya relación con variables como la perseverancia, el logro, la salud física y el bienestar (Peterson y Bossio, 1991; Scheier y Carver, 1993) han hecho de esta materia uno de los puntos centrales de la psicología positiva. El interés moderno por el optimismo nace de la constatación del papel jugado por el pesimismo en la depresión (Beck, 1967). Desde entonces son muchos los estudios que muestran que el optimismo tiene valor predictivo sobre la salud y el bienestar, además de actuar como modulador sobre los eventos estresantes, paliando el sufrimiento y el malestar de aquellos que sufren, tienen estrés o enfermedades graves (Peterson, Seligman y Vaillant, 1988). El optimismo también puede actuar como potenciador del bienestar y la salud en aquellas personas que, sin presentar trastornos, quieren mejorar su calidad de vida (Seligman, 2002). Desde un punto de vista evolucionista es considerado además como una característica de la especie humana selecciona por la evolución por sus ventajas para la supervivencia (Taylor, 1989). El sentido común nos dice que es positivo mirar al futuro con optimismo y numerosos trabajos empíricos apoyan esta idea. Así por ejemplo, estudios con población general muestran una clara tendencia del las personas a sobreestimar el grado de control que tienen sobre las situaciones (Langer, 1975), mientras que las personas deprimidas estimarían de forma muy precisa su grado de control real (Alloy y Abramson, 1979). Esta ilusión de control, junto con otros mecanismos, contribuyen a explicar por qué unas personas no se deprimen y otras sí. ¿Qué distingue a una persona optimista de una pesimista? ¿Es bueno ver la vida un poco mejor de lo que en
realidad es? ¿Los pesimistas son realistas y los optimistas viven de ilusiones? Estas y otras preguntas son las que pretenden ser resueltas con el estudio científico de esta materia. Así, el optimismo promete ser uno de los tópicos más importantes en la investigación en psicología positiva.

HUMOR
El libro “Anatomía de una enfermedad”, publicado en 1979 por el fallecido editor de revistas Norman Cousins, fue el primero en exponer ante el público una correlación entre el humor y la salud. Cousins describe cómo se recuperó de una enfermedad de los tejidos conjuntivos que normalmente suele ser irreversible mediante un tratamiento que incluyó, entre otras terapias, películas cómicas de los hermanos Marx. El humor y su manifestación externa más común, la risa, son un importante pilar de la investigación en psicología positiva. Aunque la idea de que la risa y el humor fomentan la salud no es nueva, es en las últimas décadas cuando han comenzado a proliferar terapias e intervenciones clínicas basadas en esta materia. La investigación científica ha demostrado que la risa es capaz de reducir el estrés y la ansiedad y mejorar así la calidad de vida y la salud física del individuo. El humor “sirve como una válvula interna de seguridad que nos permite liberar tensiones, disipar las preocupaciones, relajarnos y olvidarnos de todo”, afirma el Dr. Lee Berk, profesor de patología en la Universidad de Loma Linda, en California y uno de los principales investigadores en el mundo sobre la salud y el buen humor. En una serie de estudios examinó las muestras de sangre de sujetos antes y después de que vieran vídeos cómicos, y las comparó con las de un grupo que no vio los vídeos. Berk descubrió importantes reducciones en las concentraciones de hormonas de la tensión y un incremento en la respuesta inmune de quienes vieron los vídeos.

RESILIENCIA Y CRECIMIENTO POSTRAUMÁTICO
Vivir un acontecimiento traumático es quizá una de las situaciones que más transforma la vida de una persona. Sin quitar un ápice de la gravedad y horror de estas experiencias, no podemos dejar de resaltar que es en situaciones extremas cuando el ser humano tiene la oportunidad de volver a construir su forma de entender el mundo y su sistema de valores, tiene la oportunidad de replantear su concepción del mundo y de modificar sus creencias, de manera que en esta reconstrucción puede darse, y de hecho se da en muchos casos, un aprendizaje y un crecimiento personal (Janoff-Bulman, 1992; Calhoun y Tedeschi, 1999). Sin embargo, la psicología tradicional ha tendido a asumir que todos los acontecimientos traumáticos dejan heridas psicológicas en las personas y ha tendido a obviar el estudio de fenómenos como la resiliencia y el crecimiento postraumático, basados en la capacidad del ser humano de resistir y rehacerse frente a los embates de la vida. Resiliencia y crecimiento postraumático surgen como conceptos de investigación en la psicología positiva, a través de los cuales se pretende determinar por qué algunas personas consiguen aprender de sus experiencias e incluso encontrar beneficios en ellas. La resiliencia se sitúa en una corriente de psicología positiva y dinámica de fomento de la salud mental y parece una realidad confirmada por el testimonio de muchísimas personas que, aún habiendo vivido una situación traumática, han conseguido encajarla y seguir desenvolviéndose y viviendo, incluso, en un nivel superior, como si el trauma vivido y asumido hubiera desarrollado en ellos recursos latentes e insospechados. Aunque durante mucho tiempo las respuestas de resiliencia han sido consideradas como inusuales e incluso patológicas por los expertos, la literatura científica actual demuestra de forma contundente que la resiliencia es una respuesta común y su aparición no indica patología, sino un ajuste saludable a la adversidad. Acontecimientos como los últimos atentados terroristas vividos en Nueva York y en Madrid pueden proporcionar una buena base científica sobre la que analizar estos fenómenos y aunque todavía es enormemente superior la cantidad de estudios dedicados al trastorno de estrés postraumático, se han realizado algunos centrados en emociones positivas, afrontamiento y resiliencia.

CREATIVIDAD
La creatividad es la capacidad de crear, de producir cosas nuevas. Es la capacidad que tiene el cerebro humano para llegar a conclusiones e ideas nuevas y resolver problemas de una forma original. En su materialización puede adoptar formas artísticas, literarias, científicas, etc., y también puede desplegarse en el campo de la vida diaria, mejorando la calidad de la misma. Esto último probablemente no deje una huella en la historia de la humanidad, pero en esencia es lo que hace que la vida merezca la pena (Csickszentmihalyi, 1996). La creatividad es, por tanto, considerada como un proceso clave para el desarrollo personal y para el progreso social y por ello se incluye de lleno dentro del campo de interés de la psicología positiva. Sin embargo, el potencial de este hecho se ve disminuido cuando se asume generalizadamente que la creatividad es una característica diferencial dicotómica que unos tienen y otros no. Las investigaciones sobre creatividad han contribuido a fomentar esta creencia porque durante años han estado centradas el enfoque de rasgos, es decir, en identificar las características de personalidad (estables y poco modificables) de las personas creativas. Como resultado, algunas otras áreas importantes han sido descuidadas, como por ejemplo el estudio de los contextos físicos y sociales en los que las personas creativas han desarrollado sus producciones o el estudio de las habilidades específicas que han aprendido. Además, se ha asumido que la creatividad no puede ser alterada y que las personas creativas pueden producir trabajos creativos a todas horas y en todos los campos.
A la luz de la investigación actual, ninguna de estas suposiciones parece ser totalmente cierta. Hoy entendemos que la creatividad no depende exclusivamente de rasgos estables de personalidad, sino que resulta de una constelación particular de características personales, habilidades cognitivas, conocimientos técnicos, circunstancias sociales y culturales, recursos materiales y también de suerte (Amabile, 1983; Csikszentmihalyi, 1996; Sternberg y Lubart, 1995). La creatividad puede ser desarrollada y fomentada en todos los campos de la vida y puede ser considerada también como otro de los recursos de las personas para afrontar circunstancias adversas. Cualquier persona, además, puede desarrollar su potencial creativo y mejorar la calidad de su vida diaria, y ello, aunque el resultado final no dé lugar a descubrimientos trascendentales para la humanidad o a realizaciones unánimemente valoradas.




                                                                                            

sábado, 31 de diciembre de 2011

Mirar el mundo con benevolencia

La palabra benevolencia proviene del latín bene volens, que designa el hecho de querer hacer el bien. Se origina a partir del modo en que miramos el mundo y a los demás. Esta mirada puede ser negativa o indiferente, pero también puede ser positiva: Una mirada acogedora hacia el otro, basada en un proceso psíquico activo con el que buscamos, en primer lugar, los lados buenos de las personas; o las causas de sus comportamientos, si lo primero nos plantea algún problema. En la benevolencia influyen, sin duda, nuestros otros estados de ánimo: Si nos va mal, si nos sentimos fracasados y tristes tenderemos seguramente a sentir desconfianza, a ver malevolencia y, antes que nada, al lado negativo de hecho o en potencia de nuestros interlocutores. Por el contrario, si nuestros estados de ánimo son positivos y optimistas nos facilitarán una mirada benevolente sobre el mundo: Es el mecanismo de proyección descrito por los psicoanalistas, que nos recuerda que nuestra visión  del mundo depende tanto de nuestros sentidos internos como del mundo exterior. Así pues, la felicidad facilita la benevolencia, pero esta relación también es efectiva en el otro sentido: La benevolencia favorece tanto a nuestro espíritu como a nuestro cuerpo. Hace mucho que los cardiólogos demostraron que las emociones hostiles (Juzgar a los demás siempre negativamente y cultivar el resentimiento o la irritación hacia ellos) eran perjudiciales para el corazón: Cuanto más en discordia está una persona  con sus semejantes, más daño hace a sus coronarias, además de hacérselo a quienes rechaza o agrede. Y al contrario, las investigaciones recientes de la psicología positiva  demuestran que cuanto más practiquen las personas la benevolencia, más probabilidades tendrán de sentirse feliz y también de fortalecer su sistema inmunitario y su salud en general.


Esta claro que los malhumorados o cascarrabias se opondrán con diversos argumentos a estas investigaciones. El argumento más usado es el del realismo. “No soy negativo, simplemente veo el mundo como es”. Pero esto no es cierto, ven el mundo como lo sienten, y dado que a menudo albergan estados de ánimo negativos, se centran en los aspectos oscuros o defectuosos del mundo y de las personas. Esos aspectos existen, sin duda, pero afortunadamente hay otros mas valiosos.
Un segundo argumento es el de la ingenuidad:”La vida es una jungla y no te regalan nada”. Ciertamente, la benevolencia no debe transformarse en ceguera, pero tampoco desembocar en pasividad, no nos impide reaccionar. Esto quiere decir que la benevolencia nos ayudará a cambiar los comportamientos en lugar de hacer daño a las personas.
Aunque nuestra benevolencia esté transitoriamente adormecida, porque así lo requiera la situación, la visión del mundo asociada a este sentimiento permanecerá y guiará nuestras acciones. Seguiremos pensando que en  toda persona hay cosas buenas. Persistirá el deseo de amar y ser amado, de ayudar y recibir ayuda. Mostrarse benevolente es permitir que esas dimensiones emerjan y se expresen en los demás. Es estar convencido de que todo el mundo puede cambiar, y de que ese cambio se obtendrá mejor con la confianza puesta en la bondad de cada persona. Ese poder de la benevolencia ya fue descrito por Gandhi. “La no violencia, en su forma activa, consiste en una benevolencia hacia todo lo que existe. Es el amor puro”. Y Gandhi demostró que la no violencia y la benevolencia pueden provocar grandes cambios. 


Hay que resaltar que la benevolencia no es solo un ideal, también en una práctica cotidiana. Como señalaba en su Diario el escritor francés Jules Renard, “se puede ser  benevolente con la humanidad en general, y terrible con cada individuo”. Dicho de otra forma, hay quién toma la benevolencia como una regla, pero multiplica las excepciones: ¿”Ser benevolente? De acuerdo,  pero no con aquellos que me irritan, que no piensan como yo, que no se parecen a mí, que me han trato mal en el pasado…” La benevolencia no debe o al menos no demasiado tener condicionantes: Querer solo a los demás solo si se comportan bien, si nos hacen el bien, sería demasiado fácil!! 
Intentemos ser benevolentes no porque nuestros interlocutores sean buenos o perfectos, sino justamente porque no lo son, o no siempre. ¿No es fácil? Evidentemente, puesto que tarde que temprano, los demás van a decepcionarnos. Y nosotros a ellos. Así  que, ¿Por qué no tratar de ser benevolentes? No todo el tiempo, sino de vez en cuando. ¿Y si observamos el efecto que esto produce en nosotros y en los demás?. ¿Empezamos ahora mismo? .

jueves, 22 de diciembre de 2011

Desintoxicación Emocional

Entre nuestro cuerpo físico y nuestra mente, conectándolos  y envolviéndolos. Se encuentra el territorio misterioso de las emociones. Las emociones se expresan a través de nuestro cuerpo, de nuestros gestos de nuestras miradas, de nuestras lágrimas o palabras; también están conectadas con la mente, con  nuestros pensamientos, nuestra concepción del mundo y de las personas.
Somos  burbujas de energía vital en un movimiento constante de contracción y expansión de carga y descarga. La energía penetra en nuestro organismo a través del aire, del agua y de los alimentos. Y cuando asimilamos los nutrientes y el oxígeno, expulsamos todo aquello que no necesitamos o que nuestro cuerpo no puede asimilar. Esa función de eliminación de sustancias sobrantes o perjudiciales es fundamental para la salud. Nos alimentamos gracias a los nutrientes que extraemos de los alimentos, del aire y del agua, así como de ideas y pensamientos que entran en nuestro cerebro. Pero también nos alimentamos de sentimientos, de sensaciones, de corazonadas, de  inquietudes y estremecimientos… En definitiva, de emociones que entran, dejan huella y deben ser descargadas.

Concebida desde una perspectiva holística, la salud consistiría en armonizar estos tres aspectos: El físico, el mental y el emocional. Y así, de la misma forma que ciertas sustancias contenidas en el aire que respiramos, una  vez que cumplen su trabajo oxigenando las células, deben expulsarse, las ideas deben comunicarse; los sentimientos, compartirse, y las emociones, expresarse. Pero todos estos procesos vitales no se producen por separado.
Cuerpo, mente, corazón y espíritu forman un todo y funcionan entrelazados, de modo que nuestro estado de ánimo influye sobre nuestra dieta, el ejercicio o el reposo afectan a nuestras ideas, los sentimientos positivos o negativos influyen y determinan nuestra salud. El organismo funciona como una unidad compleja, de modo que un golpe o una herida no solo nos produce  dolor físico sino también sufrimiento, angustia y temor. Y un proceso traumático agudo, como la muerte de un ser querido, puede desatar graves problemas de salud físicos.  Sin embargo, estos procesos también funcionan  en sentido positivo. El filósofo griego Heráclito calificaba de “acciones sagradas” a la risa, al bostezo y al estornudo, todas ellas descargas vitales. Junto con el llanto, el jadeo, el temblor, los gritos o los estiramientos, son procesos curativos: El  bostezo equilibra la relación oxígeno- dióxido de carbono en la sangre y elimina tensiones físicas  y psíquicas; el suspiro estimula la respiración e impulsa el flujo sanguíneo hacia el corazón; estornudar o toser limpia las vías respiratorias; la risa es tonificante, relajante y da elasticidad al diafragma si se halla bloqueado por tensiones; llorar, cantar, gritar, soplar, silbar… Son formas de entrenamiento respiratorio que relajan y producen elasticidad.

Desgraciadamente, vivimos en una sociedad que favorece la carga y ofrece pocas ocasiones para la descarga. Las sociedades consumistas representan un estímulo psícoemocional y físico constante en el que parece que no hay lugar para el descanso, la descarga, la relajación y la expresión adecuada de emociones. Esta situación hace  que la  burbuja que somos esté siempre en permanente tensión, lo que favorece la multiplicación de problemas de salud física, psíquica y emocional. El higienismo nos aporta claves interesantes para comprender los mecanismos  de autocuración y limpieza que actúan en el plano físico, mental y emocional: Consumir alimentos sanos  y naturales, respirar aire puro y combinar adecuadamente ejercicio y reposo. Es muy importante que busquemos espacios para aplicarlas también  en el terreno de las emociones y los pensamientos.
El mecanismo vital de nuestra respiración es un buen punto de partida para iniciar nuestra higiene emocional: Observar nuestra forma de respirar  y hacernos conscientes  de los patrones que hemos automatizado y que pueden alterarla o bloquearla. Una forma de entrenar una respiración saludable es dedicar un tiempo a  realizar lentamente las cuatro fases del acto respiratorio: Inspirar profundamente, retener  el aire para que se movilicen los alvéolos pulmonares y se estimule la circulación, espirar vaciando los pulmones, y hacer una pausa antes de la inspiración siguiente. Cuanto más ralenticemos estas fases, más profunda y completa será la respiración.

Potenciar la carga positiva es el primer paso para reducir la entrada de tóxicos. Podemos conseguirlo con actividades sencillas: Contemplar paisajes que nos trasmiten paz, calma o relajación; o que nos estimulen y nos ayuden a explorar una gama más extensa y sutil de emociones; leer escritos positivos, escuchar piezas musicales armoniosas y bellas, contemplar imágenes  artísticas que transmitan armonía  y serenidad; visionar documentales o películas optimistas…. Aprendiendo nuestras reacciones y explorando territorios desconocidos contrarrestaremos la carga negativa que nos invade a diario
 Permitir y facilitar la descarga es la actitud correcta ante la necesidad que el organismo tiene de exteriorizar, expulsar, expresar. Si bloqueamos o entorpecemos estos desahogos, solo conseguiremos acumular los tóxicos con las inevitables consecuencias perjudiciales para la salud. Lo mismo sucede cuando nos obligamos a tranquilizarnos o nos piden que no gritemos, incluso si lo hacen con amabilidad. Los tóxicos acumulados terminaran desencadenando una crisis de limpieza cuando el organismo no puede contenerlos por más tiempo. En el plano físico, esa crisis puede consistir en vómitos, diarreas y gripe, o cualquiera de las llamadas “enfermedades agudas”  desde la óptica medica. En el plano emocional serán berrinches, gritos, llantos, ataques de risa. Si reprimimos estas crisis, transformaremos problemas agudos o puntuales en problemas crónicos, forzaremos al organismo a aceptar un estado permanente de desequilibrio, contención, descontento o angustia.
Escuchar  puede ayudar a otros a descargar emociones. Desde que nacemos, nuestro entorno parece pensado para bloquear nuestras expresiones espontáneas y, posteriormente, reproducimos ese comportamiento con nuestros hijos. Si en lugar de relacionarnos con los niños con frases hechas que buscan nuestra comodidad  “no llores, no grites, no te muevas…”, hacemos un esfuerzo sincero y positivo por escuchar tanto sus inquietudes, dudas, proyectos y necesidades, como sus enfados, criticas, berrinches y pataletas…, contribuiremos al desarrollo de su salud  psíquica y emocional, y les ayudaremos a ser personas más equilibradas y libres, capaces de expresarse, más maduras y, en definitiva, más sanas.

El arte de escuchar supone aprender a estar juntos a otra persona. Niño – adulto y hacer que se sienta apoyada sin juicios, escuchada sin análisis ni interpretaciones. También  es recibir los gritos, el enfado, la frustración, sin acallarla, atendiendo con respeto, ofreciendo confianza sin tratar de calmar, sin dar consejos, sin empeñarnos en resolver el problema; abrazándola o tomándola de la mano, si eso la ayuda a confiar en nosotros y a expresarse libremente.
Escribir es una forma muy especial de expresar emociones. De hecho, esa ha sido siempre  la función de los diarios íntimos: Allí podemos expresar espontáneamente nuestras inquietudes y experiencias, nuestros sueños y proyectos. También existen formas dirigidas o regladas para escribir con el propósito expreso de hacer limpieza emocional, por ejemplo el “Diario intensivo” de Ira Progoff, que propone una serie de ejercicios sistematizados para conectar con el Yo profundo: Escribir sobre acontecimientos claves, sobre el pasado, el presente, las encrucijadas, las personas, el trabajo, la sociedad, la filosofía de vida, valores y sueños. Y todo esto siguiendo unas reglas mínimas: Reservar un momento de tranquilidad y silencio para escribir, comprometerse a ser sinceros y espontáneos en lo que se escribe, centrarse  en acontecimientos internos y tener prohibido juzgar, analizar, censurar o interpretar.
Existe también un ritual simple y radical que consiste en escribir y, a continuación, quemar lo escrito para así, desterrar pensamientos o emociones perniciosas. Así mismo, innumerables actividades artísticas o artesanales pueden completarse con la práctica del yoga o la meditación: Cantar, bailar, hacer teatro, pasear por la playa o por el campo, bordar, pintar, hacer un pastel… Cada cual puede buscar la forma que mejor se adapte a sus necesidades y habilidades. En cualquier caso, lo que importa es que esos pensamientos y emociones salgan, combinando la exploración interior, incluidos nuestros resquicios más oscuros, el desahogo emocional y la comunicación con el mundo exterior.
 

domingo, 4 de diciembre de 2011

El Abecedario del Amor


A, de aprecio. Apreciar al ser que se ama es darle su valor, es considerarlo digno de afecto y de reconocimiento.
B, de búsqueda. El amor es una continua búsqueda del bien para el ser amado. Para ello es preciso conocerlo, descubrir su riqueza interior, encontrar los medios para su crecimiento y desarrollo hacia la plenitud de su ser.
C, de coherencia. Decir lo que se piensa y vivir lo que se dice, eso es la coherencia. Vivir y tratar de vivir siempre lo que se promete es ser coherente.
D, de diálogo. El amor es comunicación. Es el encuentro íntimo de dos personas, el diálogo constante de dos mentes, dos voluntades, dos corazones... dos cuerpos.
E, de esperanza y entrega. Así como el amor produce esperanza, confianza en el otro y en el futuro de los dos, la falta de éste causa apatía, desinterés, desconfianza y desaliento. El amor es entrega porque es ponerse en manos del otro, regalándose y dedicándose a él.
F, de fiel y fecundo. Ser fiel es ser leal con el otro. Además el amor es fecundo porque produce y se reproduce, mientras que el egoísmo destruye y acaba con la dignidad del otro.
G, de generoso. La generosidad implica nobleza y sinceridad, implica darse sin medida, sin conveniencias.
H, de humilde y honesto. El amor no es egoísta ni soberbio sino humilde servicio a la persona amada, reconociendo en ella un don digno de ser cuidado con lo mejor de uno mismo.

I, de invitación. El amor es una invitación a crecer en todos los aspectos, es invitar al otro a ser mejor, es ofrecer un camino de realización personal.
J, de joven. No consiste tanto en la edad corporal, cuanto en un estado de vitalidad y renovación interior, aunque esta palabra se use más por determinar una época de la vida que para otra cosa. Por eso el amor es joven por ser y tener que ser siempre nuevo.
L, de luz. Luz en el amor significa saber iluminar y guiar la vida de la persona amada.
LL, de llamado. En el amor existe un llamado constante a la persona amada para que sea luz, y a la vez es una llamada personal a ser luz para nuestra pareja.




M, de movimiento y meta. El amor es dinámico, es actividad continua en bien del otro, es esfuerzo efectivo para edificar su personalidad, implica variedad en sus manifestaciones y evita la rutina en el transcurso del tiempo. Meta, además, porque el amor en sí es un gran objetivo por alcanzar.
N, de núcleo. El amor es el núcleo de la vida misma. Hay un dicho que dice así: 'el que no ama, no vive', porque el ser humano está llamado a amar y amando es como construye la vida, crece en su personalidad y a la vez ayuda a crecer al otro.
O, de optimista. El amor no puede dejar de ser optimista, aunque no deje de ser realista. El optimismo implica la esperanza y la ilusión de un futuro mejor para sí y para la persona amada.
P, de perseverancia. Es tener firmeza y constancia en mantener lo prometido. De nada sirve emprender un camino si no se llega al término del mismo.
Q, de Querer. Amar es querer con la fuerza de voluntad más que con los sentimientos. Es la expresión más auténtica de la decisión libre y personal de buscar el bien del otro.
S, de sacrificio y de silencio. El amor exige el sacrificio entendido como ofrenda, como don, y esto implica callar el propio egoísmo, sin dejar de exigir lo que en justicia corresponde.
T, de trabajo. El amor no puede dejar de ser trabajo, acción continua, esfuerzo constante por lograr su culminación en cada instante, no sólo al final de la vida.
U, de único y universal. El amor es único porque no es repetible, y al mismo tiempo es universal porque es común a todos y dirigido hacia todos.
V, de valiente. Para amar se necesita mucho valor, se necesita 'garra' y valentía frente a una mentalidad adversa, que ha desvirtuado el sentido del amor y lo ha convertido en una expresión más del egoísmo.
Z, de zumo. El amor es el jugo de la vida, es lo que da sabor a la lucha y al esfuerzo diario, es el alimento de la propia historia.


A continuación Ricardo Arjona nos muestra a través de su canción, un claro ejemplo de lo que sucede cuando nos olvidamos de poner en practica  este abecedario, dando paso paradógicamente a otra forma de definir y sentir  el amor, si es que puede llamarse amor. Juzguen ustedes!!
            


lunes, 14 de noviembre de 2011

Así es el amor verdadero

Blanca Soto y Guy Ecker   
¿Existe una receta para mantener vivo el amor? Es una pregunta que todos nos planteamos, los expertos y los que no lo son. “Juntos en lo bueno y en lo malo, hasta que  la muerte los separe”. ¿Es una garantía o una condena? Es al esforzarse por hacer converger los deseos y caracteres de dos seres distintos en un único objetivo cuando el amor muestra sus limitaciones, reclamando renuncias, sacrificios y concesiones que, a la larga, deterioran la relación.     

Te proponemos una visión distinta que partirá de esta premisa: Todo lo que promueve la realización del individuo, ayuda a que el amor crezca. Mantener cierta autonomía, la distancia justa con tu pareja, y no dar nada por hecho, son las claves para no caer en la trampa de perder la propia identidad a favor de otra persona y para alimentar, al tiempo, la fuerza revitalizadora del amor.      
            
                                        RECETAS PARA CULTIVAR EL AMOR
  No te acomodes
Identificar el compromiso de la pareja con el cuento del príncipe azul que te amará para siempre jamás, acabará canalizando toda tu energía hacia actitudes de acomodamiento recíproco que debilitan la vitalidad del eros.
Vive el presente y no des nada por hecho. Procura impulsar el espíritu de comunicación y el compromiso constante si quieres que el amor dure. Si no, podrías tener una relación segura y duradera como ese viejo abrigo que no tiras porque aún  resiste y su corte es tan sobrio que no pasa de moda… ¡Pero jamás te pones!
No lo catalogues
El gran amor de tu vida, un romance, una aventurilla, un rollo para pasar el rato… Acabamos de comenzar una historia con alguien y tenemos la necesidad urgente de colocarla en el archivo de nuestras experiencias, como si darle un nombre nos ayudase a vivirla mejor. ¡Es un gran error! Definirlo significa decidir a priori la dirección que va a tomar el amor, renunciando a su magia imprevisible. Renueva cada día tu relación, no te cierres, ábrete a lo nuevo.

Enciende la sexualidad
El sexo es el termómetro de una relación; si las cosas no van bien, puede ser el antídoto perfecto contra la crisis. Echarle imaginación al erotismo e introducir juego y fantasía no son sólo armas para vencer al aburrimiento: A través del placer sexual se liberan aspectos diversos de nuestro interior, de nuestra aproximación a nuestra pareja y a la vida.
Pon un poco de misterio
El mito de que la intimidad de una pareja se basa en la entrega total debe borrarse de la mente. Hacer partícipe a nuestro compañero sentimental de cada gran y mínimo acontecimiento que pase en nuestra vida, más que complicidad crea dependencia, como la del niño que cuenta todo a su madre. Está bien hablarlo todo si se trata de una elección libre, pero también tienes libertad para no hacerlo; sólo de este modo el placer no se convertirá en deber.

Crea distancia
Aunque el deseo más urgente de los enamorados es estar juntos, si se elimina del todo la distancia física para estar pegados el uno al otro cual lapas, el deseo se va apagando. Crea momentos de separación con tu pareja: Una tarde libre con tus amigos, un fin de semana fuera, de vez en cuando unas vacaciones por separado… No  solo para reavivar la intensidad de vuestra relación en una fase crítica, sino también en los momentos más álgidos, cuando la pasión se encuentra el máximo nivel. De esta manera podrás sentir la falta de la persona que amas y las ganas reales que tienes de estar de nuevo con ella.
Crece y crecerá
Recuerda que todo lo que impulsa la realización del individuo impulsa al crecimiento del amor en la pareja. No hay nada más gratificante que sentir que la persona que amas está junto a ti por libre elección, no por deber, miedo, necesidad de compañía, mala conciencia o costumbre. “Aunque soy plenamente capaz de vivir sin ti, prefiero vivir contigo”. Eso es lo que da el valor al amor, su grandeza. Cuántas más  cosas puedas ofrecer, más rico será tu mundo personal, más atraídos se sentirán los demás por ti (pareja y amigos) y menos carencias sentirás. Potencia, pues, tu crecimiento personal, ten tus propios proyectos, gobierna tu vida, practica actividades gratificantes. Y, ante todo, no veas el amor con ojos utilitaristas.