"Yo no pretendo enseñarte lo que es el mundo me falta también, pero vale la pena disfrutar cada día con mas Flow. Di lo que sientas, has lo que piensas, da lo que tengas y no te arrepientas. Serás del tamaño de tus pensamientos, no te permitas fracasar y sino llega lo que esperabas no te conformes jamás te detengas... No te límites por lo que digan, sé lo que quieras, pero sé tu mismo, y ante todas las cosas nunca te olvides de Dios".

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lunes, 23 de enero de 2012

Potencia lo mejor de ti mismo

La autoestima es un ingrediente básico del bienestar emocional puesto que supone la aceptación de uno mismo que es base y fundamento de la relación gratificante con los demás.
Cuando una persona se quiere a sí misma se cree también merecedora del respeto y del trato adecuado por parte de los otros de tal forma que rechazará cualquier actitud que considere inconveniente. Generalmente, prestamos mucha atención a las relaciones sociales, tenemos inquietud por hacer nuevas amistades, conocer el amor y construir una pareja, rodearnos de nuestra familia, queremos caer bien a los nuevos compañeros de trabajo… Sin embargo, son pocos los momentos en los que nos detenemos unos instantes a reflexionar sobre nosotros mismos y el concepto que tenemos de nuestro yo interno. Es curioso que a veces dicha imagen difiere en aquello que los demás consideran de nosotros.

En este artículo, vamos a prestar especial atención a qué medios puede utilizar una persona para fortalecer su autoestima y atreverse a perseguir sus sueños y convertirlos en realidades porque dentro de sí misma tiene todas las herramientas necesarias para conseguirlo: autenticidad, confianza, creatividad, fuerza y ganas. La vida es acción, estamos en constante movimiento, por esta razón, debemos asumir que debemos trabajar por aquello que deseamos de la misma forma que nuestro propio corazón trabaja continuamente bombeando nuestra sangre para darnos un minuto más de vida. La pregunta es…. ¿qué quieres hacer con tu vida?, ¿hacia dónde te diriges?, ¿qué quieres hacer para sentirte feliz?

En ocasiones, nos sometemos a las trampas del lenguaje y decimos frases del tipo: “Juan me hace sentir bien”. En realidad eres tú mismo quien en ese momento se siente bien en su compañía pero él no tiene ningún poder sobre ti. Si utilizamos el lenguaje de esta forma pronto podremos caer en el error de culpar al otro cuando no nos sentimos de la misma forma ya que le otorgamos el poder de nuestro estado de ánimo. Comencemos a hablar en primera persona. Asumamos riesgos. Vivamos siempre desde los deseos más profundos y sinceros de nuestra alma. Quizá al principio no te resulte fácil pero los beneficios que obtendrás serán muy grandes.

Identifica las situaciones

Es recomendable que analices diferentes momentos que te producen emociones agradables o desagradables, conozcas los motivos de dichos sentimientos, aprendas a expresarlos con asertividad… Principalmente, es fundamental que no huyas de las situaciones sólo por las emociones que te producen ya que este tipo de comportamiento es propio de personas que padecen ansiedad. Por el contrario, la ansiedad tiende a crecer cuando se reprime o cuando se evitan las situaciones que la producen no sólo por miedo a dicha situación sino también por miedo a que se produzca el propio proceso ansioso.

Cuando hayas tenido un mal día puedes buscar la forma de premiarte a ti mismo para compensar la negatividad experimentada con la gratificación de la recompensa. Puedes optar por hacer un plan con el que de verdad disfrutes, regalarte una comida que te guste, hacer algún tipo de deporte, leer un buen libro, ir al cine a ver una película que te han recomendado… El tema es que debes buscar espacios que sean solo tuyo y te ayuden a restablecerte interiormente y a sobrellevar la carga generada por el malestar de la negatividad que va robando energía no sólo emocional sino también física.

A lo largo de la vida, todos descubrimos que tenemos que realizar muchas cosas que no son agradables, sin embargo, son necesarias. En su necesidad está la razón de ser de este tipo de acciones. Es necesario aquello que no puede ser de otra manera. Es contingente aquello que puede ser o no ser.

Acepta el reconocimiento de los demás

Una de las necesidades básicas del ser humano es la necesidad de reconocimiento por parte del prójimo de forma que la indiferencia es uno de los peores castigos.
 

Sin embargo, vivimos en una sociedad caracterizada por la economía de caricias positivas. Ejemplos de caricias positivas: me alegro de verte, hoy estás muy guapo/a, me gusta mucho tu nueva ropa, hiciste un buen trabajo, muchas gracias por tu colaboración… En definitiva, las caricias positivas son el alimento emocional del ser humano ya que igual que el cuerpo necesita vitaminas para sobrevivir, el alma también necesita lo que algunos autores han llamado la “hucha emocional”. Igual que sucede en la cuenta del banco que se queda vacía si sólo se saca dinero y nunca se ingresan nuevas cantidades económicas, la mente humana se desgasta si sólo recibe palabras desagradables en la forma de caricias negativas o mixtas.

Ante tal ley de economía de caricias, también sucede que una persona se siente incómoda cuando las recibe, sin embargo, debemos aprender a aceptar las caricias positivas que nos regalan los demás de forma natural, del mismo modo que rechazaremos aquellas caricias negativas que consideramos injustas. En última instancia, la finalidad de las caricias positivas y negativas es la misma: recibir reconocimiento por parte del otro.

Como conclusión, me gustaría recomendarte que a partir de ahora no sólo tengas en cuenta las caricias positivas que recibes de los demás sino que tú también te dediques pensamientos positivos e ideas agradables sobre ti mismo incluso en los momentos en que consideres que has hecho algo de forma equivocada porque si lo piensas bien seguro que incluso en ese contexto hubo algo que hiciste de la forma adecuada. Pero no te castigues a ti mismo de una forma inhumana y piensa, simplemente, que eres una persona de carne y hueso con virtudes y defectos que está en un constante proceso de aprendizaje vital. Mañana lo harás mejor pero no tengas prisa porque si ya has revisado alguno de mis artículos recordarás que lo más importante siempre es el presente. Respira hondo cada vez que vayas con tu pensamiento al mañana. Céntrate en tus sentidos que te conectan de manera instantánea con lo inmediato: el aquí y el ahora.


Aléjate de las obsesiones

La mejor forma de poner límite al pensamiento es actuar. El modo más eficaz de parar las ideas repetidas que se generan dentro de un círculo vicioso es el obrar. La reflexión en orden a la prudencia es una virtud, sin embargo, el pensamiento que contribuye a alimentar una obsesión es una carencia. Si en algún momento sientes que estás dando vueltas a algo sin encontrar una solución quizá deberías dejar de centrarte en ese asunto. O si estás pensando en aquello que en realidad no depende de ti también deberías alejarte mentalmente de esa idea cuya solución no está al alcance de tu voluntad. La obsesión te aleja del momento actual y te impide concentrarte en aquello que te de verdad importa.

Nadie puede conocerte tan bien a ti mismo como tú especialmente a este nivel ya que nadie tiene el poder de atravesar tu inteligencia y analizar tu mundo ideal de conceptos y esquemas. Por esta razón, si sientes que existe alguna obsesión que limita tu vida toma conciencia de tu enorme poder para controlarla a través de la acción aprendiendo incluso a convivir con ella. Es decir, puede que te cueste erradicarla de raíz, sin embargo, habrá algo que siempre podrás hacer: actuar a pesar de ella. Moverte a pesar del miedo que puedas sentir. Conforme vayas actuando y compruebes que no pasa nada y que la mayoría de las obsesiones son sólo ideas negativas que no tienen alcance en la realidad entonces dejarás de tenerlas en cuenta.

 Valora lo positivo de ti

Piensa en la cantidad de cosas que haces bien a lo largo del día. Analiza también aquellos momentos agradables que experimentas desde la mañana. Para analizar bien debes enumerar incluso los detalles más insignificantes ya que equivocadamente dedicamos muchos más tiempo a centrar nuestra atención en los aspectos negativos y dejamos de lado la cantidad de positividad que existe en nuestro presente.

Por otra parte, en relación con todas aquellas cosas que te suponen un esfuerzo añadido porque no te gustan, entonces, debes hacerlas antes que las demás y motivarte a ti mismo interiormente con algo que realizarás después y que en realidad sí te agrada. Dejar las cosas para mañana no descansa sino que cansa. La pereza agota pese a que a veces pensemos lo contrario. La inactividad continuada produce un cansancio infinito y apatía. El sentido del reposo es descansar para volver a actuar. Por tanto, toma fuerzas, respira, y empieza pronto con aquello que más te cuesta realizar porque así te sentirá libre para hacer aquello que de verdad te resulta agradable o vocacional. Piensa que la mayoría de las veces lo que más cuesta es precisamente empezar. Una vez que ya has comenzado, todo lo demás viene dado.

Sé realista, creativo y diviértete en tu vida porque aunque puedas conocer tus limitaciones personales también puedes descubrir todo tu potencial interno.

 Sonríe

Hoy día los expertos centran sus estudios en la importancia de la comunicación corporal. La sonrisa abre las puertas de tu alma al otro; acoge en el encuentro directo con el prójimo Da una bienvenida agradable. Incluso en aquel momento en que te obligues a ti mismo a sonreír descubrirás que ese gesto forzado llegado el momento será natural porque habrá producido sobre ti un efecto a nivel emocional. Las personas nos acercamos a aquel que sonría más que aquel que nos recibe con seriedad. Es una tendencia natural perseguir aquello que resulta agradable y evitar lo desagradable porque molesta o hiere.

Anteriormente, analizamos las caricias positivas. Pues bien, la sonrisa es una caricia positiva que, por tanto, alimenta el espíritu. Igual que la sonrisa, la risa es fundamental para relajar la tensión y el sentido del humor siempre alivia cualquier momento de dificultad. La risa siempre poner en contacto a un grupo de personas ya que incluso a veces la propia carcajada aumenta cuando se escucha el eco sonoro de la risa del otro. Aprende a relativizarte a ti mismo cuando sea necesario y piensa que el humor es un ingrediente fundamental para descubrir que la vida nos brinda la oportunidad de divertirnos incluso en los detalles más pequeños.

Victor Frankl, fundador de la logoterapia y autor de la obra “El hombre en busca de sentido” utilizó el sentido del humor incluso en las condiciones más dramáticas de su existencia cuando estuvo prisionero en los campos de concentración. Recomiendo la lectura de sus obras a todos los lectores que se hayan acercado a este trabajo y tengan inquietud por seguir aprendiendo en temas de superación personal.


 Aprende a decir no

Una de las mayores metas que puede proponerse una persona es aprender a decir no. No a una petición o favor del otro por muy cercano que sea. La clave está en saber que cuando decimos que no simplemente estamos rechazando una idea pero no es un rechazo directo hacia otra persona en concreto a la que queremos igual que antes. De tal forma, no tiene sentido el chantaje emocional ya que cuando alguien nos formula una petición debe asumir anteriormente que su petición sólo puede tener una respuesta: sí o no. En otras ocasiones, también puedes aprender a alcanzar acuerdos con el prójimo que son fundamentales, por ejemplo, para el trabajo en equipo.

En cualquier caso, lo cierto es que nunca deberías realizar nada que te haga sentir mal, que crees que va en contra de tus principios o que, sencillamente, sientes que una voz interna te repite continuamente que no lo hagas. No estás obligado a agradar continuamente a los demás sino a ti mismo.

Nadie nos va a querer más simplemente porque siempre digamos que sí a sus propuestas. Muy al contrario, esa persona puede terminar utilizándonos como una marioneta y dándonos un valor de objetos que sirven para algo. Por el contrario, aquel que nos quiere de verdad comprenderá nuestras decisiones aunque quizás necesite un poco de tiempo para hacerlo. Pero no sólo nos respetará sino que además reforzará nuestro propio modo de ser. Aquel que te quiere de verdad te ayuda a ser más tú todavía pero no te pide que finjas ni te pone condiciones.

Rodéate de los consejos de los demás, de aquellos que te quieren, ten en cuenta su punto de vista pero piensa que en última instancia la decisión siempre es tuya. Confía en ti mismo y en tu equipo cuando formes parte de un grupo que se mueve por la misma finalidad.

 La creatividad

¿Te gusta escribir? Entones escribe. ¿Te gusta pintar? Compra pintura y un pincel y pinta. Dale rienda suelta a tu creatividad. Descubre qué es aquello que está llamado a realizar. Dime… ¿cuál es tu vocación? Cuando tengas la respuesta piensa si no crees que sería más gratificante vivir dedicando un tiempo y un espacio a aquello que te hace sentir bien. A lo mejor, por determinadas circunstancias te has visto obligado a trabajar en algo que no te gusta demasiado, sin embargo, el día es muy largo y seguro que puedes encontrar una forma de desarrollar tu creatividad. Puedes ponerte manos a la obra e investigar ya que en la mayoría de las ocasiones la mayor limitación es la falta de información, sin embargo, hoy día Internet te ofrece información rápida y segura desde tu propia casa. Por otra parte, existen muchas opciones de voluntariado que buscan personas especializadas para realizar diferentes actividades. Deja que tus deseos te guíen y muevan tu voluntad en la orientación adecuada en orden a tu propia felicidad personal. Cierra tus ojos y dime: ¿Dónde quieres estar dentro de un año?, ¿qué te gustaría estar haciendo exactamente? Entonces, ponte en movimiento y trabaja desde este instante para que tu deseo pueda ser real cuando transcurra este tiempo. Te deseo mucha suerte en tu aventura vital y no olvides que no estás sólo ya que a tu alrededor tienes amigos, familia y personas que estarían encantadas de conocerte y compartir contigo un pedacito de vida.

Detecta los miedos que te limitan y levántate cada mañana con una idea fija en tu mente: Coraje, coraje y coraje para vivir más y mejor. Fuerza para sobreponerte a los obstáculos. Y ganas de enfrentar nuevos retos. Aprovecha el tiempo porque pasa demasiado rápido como para desperdiciarlo en temores. Simplemente, aprende de tus errores pasados y utiliza dicho aprendizaje de forma eficaz en el presente y más todavía de cara al futuro cuando tu mochila vital esté llena de experiencia.

 La frustración

Igual que anteriormente hablamos sobre las obsesiones ahora vamos a dedicar un espacio a la emoción de la frustración porque acarrea enorme sensación de infelicidad.

Es mejor experimentar tristeza que frustración en cualquier caso pueden ser emociones totalmente naturales ante determinadas circunstancias. Sin embargo, conviene evitar la frustración porque quizá nos impida intentarlo de nuevo. Y lo cierto es que a veces la clave del éxito está en tener la constancia necesaria para repetir algo muchas veces, insistir más y más y no darse por vencido más allá de los resultados inmediatos. Que las cosas sean hoy de una manera no significa que siempre vayan a ser así. No olvides que todo está en un proceso constante de evolución por tanto quizá mañana sea posible aquello que hoy a simple vista parece imposible. Los actores siempre explican la cantidad de castings que tuvieron que superar antes de obtener su primera prueba. Muchos de ellos, si se hubiesen desmotivado en los inicios, no habrían llegado a tener una carrera de éxito.

Los beneficios de la memoria son infinitos si la utilizamos de la forma adecuada: en lugar de recrearnos en el dolor debemos recordar todos aquellos límites que superamos con éxito. El recuerdo de los momentos agradables, propio de la actitud mental positiva, te dará fuerza y confianza en tus propias posibilidades. Enhorabuena por todos los éxitos que ya alcanzaste en el pasado y enhorabuena también por todo aquello que conseguirás a lo largo de tu vida.

Muchas gracias!!

Quiero finalizar regalándote una caricia sincera y agradable por haber participado como lect@r: Muchas gracias de verdad por tu tiempo, tus ganas y tu interés. Estás páginas no tendrían ningún sentido si no hubiese una persona interesada en leerlas.

Si tienes alguna sugerencia que pueda ayudar a mejorar el contenido del texto no dudes en dejar algún comentario que por supuesto tendré en cuenta siempre con un espíritu crítico y positivo con el objetivo de  mejorar .



 

domingo, 13 de noviembre de 2011

Conversando con Larent Gounelle:

"Sabes, Alan?, la vida es larga y aburrida cuando no la vivimos como nos gustaría". Es una de las frases de no me iré sin decirte adónde voy, un libro que ha sido un betseller en Francia y que va por el mismo camino aquí en  España. Se trata de una novela apasionada y optimista que puede cambiar la visión de nosotros mismos y de nuestras capacidades para siempre.
Alan Greenmor, el protagonista, había resuelto serenamente terminar con su vida, una existencia, según él, carente de finalidad y destino. Pero la aparición de un misterioso hombre, segundos antes de dar el gran y último salto mortal, le dio una nueva oportunidad, un nuevo compromiso con la vida. Através de varias pruebas y un coaching muy especial, Alan renacerá de sus cenizas con un renovado propósito.
Da igual dónde vivamos o a qué nos dediquemos, al final, todos somos Alan. El autor, Larent Gounelle, ha construido en no me iré sin decirte adónde voy, una magnifíca fábula sobre nuestros miedos y frustraciones, sobre las mochilas emocionales que todos llevamos sobre los hombros, sobre cómo amar y dejarnos amar, y sobre cómo vivir la vida. 

" No hay grandes problemas sino, personas pequeñas", dice uno de los personajes de su libro. ¿No cree que con los problemas que vivimos actualmente, económicos y de toda clase, este tipo de frases, pueden provocar frustración entre la gente?

Laurent Gounelle:Esta frase proviene de una réplica de Dubreuil, uno de los personajes del libro. !No es para nada mi punto de vista personal¡ El es alguien fuerte, muy seguro de sí mismo, que dispone de mucha facilidad en la manera de gestionar su vida y que tiende a pensar que todo el mundo puede ser tan fuerte como él. Yo evidentemente, no veo las cosas de esta manera. En cambio, lo que sí es cierto para mí, es que muchas personas piensan erróneamente que no pueden hacer nada frente a las situaciones de las que son víctimas. Tienen tendencia a pensar que " es así"..., y que no hay más que asumir los acontecimientos. Estoy convencido de que cada persona dispone en su interior de unos recursos insospechados, y que a veces basta con creer en esta capacidad de cambiar las cosas, para que estos recursos se presenten en nosotros y consigamos movilizarlos.

¿Podría ponernos un ejemplo?
Voy a citarle uno muy concreto y muy reciente. Vivo en una ciudad mal gestionda por un alcalde que no piensa en otra cosa, que no sea su carrera politica. Fue elegido gracias a un discurso vacío y flojo pero que sonaba bien... Desde su elección, decide medidas que tienden a destruir la calidad de vida en nuestra ciudad, especialmente poniendo cemento por todas partes (construye edificos donde había par ques). Algunas personas se quejan, pero la mayoría no se inmuta, pensando que, de todos modos, no se puede hacer nada. Fuí a ver una asociación de ciudadanos que, desde hace años, investiga los papeles del ayuntamiento e informa a la gente de las irregularidades. Les dije: " puesto que este candidato es dañino, hay que cambiarlo". Todo el mundo se rió. No era posible, decían a coro, porque le apoya el partido mayoritario, y tiene además conexiones con el partido socialista. Vaya que la situación parecía complicada. Les contesté: "Si creemos en ello, todo es posible".

Y que pasó
Empezamos a reunirnos todos los domingos para poner en común nuetras ideas. Proveníamos de todos los medios sociales; unos eran de izquierdas, otros de derechas, pero encontramos lo que nos unía: Una cierta visión de la calidad de vida que queríamos para todos. Y presentamos la candidatura del presidente de la asociaón a las elecciones departamentales y ganamos con mas del 52% de los votos.

¿Qué cualidades aprende Alan, el protagonista de No me iré sin decirte a dónde voy, al final de la historia?
Que la falta de confianza en uno mismo no es una fatalidad. Que cada persona puede cuidarse de sí misma y hacer algo por su vida. Pero al mismo tiempo, que el éxito personal no basta para dar sentido a la vida. Que la evolución personal no se limita a la ascensión social. Que el éxito material tiende a alejarnos de los otros, ya que una vida realizada es, sin duda, una vida que nos permite conectarnos con los démas, reencontrar con ellos un sentimiento de unidad, de pertenencia a un gran todo. Que se puede pasar del miedo al amor...

¿Cuál cree que es la razón del éxito de sus libros?
Tengo la sensación de que este éxito tiene origen en la sinceridad de mi actuación. Escribo para los lectores, no para mí, y estoy casi obsesionado con lo que mis libros les puedan aportar. No he inventado nada, no soy un buscador, ni un pensador. Sólo soy un transeúnte. Retransmito cosas que me parecen esenciales para que cada uno disfrute de su vida; cosas que provienen,en gran parte, de conocimientos que tuve la gran suerte de recibir. He viajado mucho y he tenido la ocación de trabajar tanto con investigadores en neurociencia, como con personas de recorrido un poco menos académico, como sabios o chamanes. Lo que he podido aprender, no se adquiere, lamentablemente en los colegios. Es tan importante conocerce y saber vivir la vida, como aprender geografía o la historia de un país


En su opinión, ¿cuáles son los principales recursos que hay que aprender para hacer frente a las dificultades?
Le citaré varios:
Aprender a conocerce. Nos permite elegir y actuar en conciencia.
Comunicar. Comprender a los otros y saber ser comprendido. Nunca nos hemos comunicado tan poco como en la actualidad. Aunque parezca lo contrario, esta carencia se debe en parte  a las nuevas tecnologías, que están consiguiendo suplantar a las relaciones personales.
Tener confianza en uno mismo. Creer en ti y en tus capacidades y así realizar tus sueños. Dejar de sufrir pasivamente. Tomar las riendas de tru vida.
Aprender a desapegarnos de lo material. Que nos llena de vacío y nos lleva a alienarnos en el trabajo, en lugar de realizarnos.
Apreciar el momento presente. Dejar de darle vueltas a los problemas pasados que, por definición, ya no existen y dejar de creer que nuestra felicidad se situa en el futuro, condicionada por la obtención de determinados resultados. La felicidad es ahora, aqui, en este momento.

miércoles, 5 de octubre de 2011

¿Por qué nos gusta el riesgo?

¿Recuerdas alguna vez haber disfrutado de una experiencia marcada por el miedo? Puede que estuvieras viendo una película de terror. O, tal vez, que te lanzaras desde una avioneta en paracaídas, o haber ido a un parque de atracciones a subirte en la montaña rusa. Lo cierto es que todos, sin excepción, sentimos un cosquilleo de placer y excitación ante una situación de riesgo. Y aún hay más. Normalmente la huella que esta situación deja en nuestro cerebro tiende a empujarnos a querer repetir una vivencia similar. De igual modo, también respondemos ante la versión, más amarga del miedo, cuando somos víctimas de ese otro temor que nos congela por dentro, amplifica nuestros sentidos y anestesia cualquier vestigio de bienestar. ¿Qué misteriosas rutas neuronales consiguen dotar al miedo de esta dualidad?
Sentimiento y diversión; dolor y placer. Estas son las dos caras de una emoción que, analizada desde una perspectiva evolutiva, resulta mucho más sencilla de comprender. En términos darwinianos, la naturaleza premia al individuo que es más hábil para sobrevivir con el regalo de legar los  genes a las futuras generaciones. El miedo, desde este punto de vista, es el mecanismo de defensa por excelencia destinado a proteger la vida, una especie de guardaespaldas que nos aleja de las amenazas que nos rodean. El miedo a las alturas, por ejemplo, es muy beneficioso si queremos llegar a viejos; de hecho, lo experimentan los bebés sin necesidad de que nadie haya tenido que ponerlos en preaviso; es lo que la psicología llama un “miedo innato”. Este, al igual que el miedo a la oscuridad u otros, no se aprende sino que es heredado, ya que aquel predecesor que no lo experimentó sucumbió rápidamente y no pudo perpetuarse. Del mismo modo, sufrimos de forma innata otros temores más sofisticados y cuya naturaleza es más social. Sin ir más lejos, esa dosis de incomodidad que experimentamos antes de hablar en público deriva del miedo al ridículo, que es inherente al ser humano. También este es el caso del recelo que podemos sentir cuando se nos excluye de alguna reunión de amigos, sentimiento asociado a la  soledad y al rechazo. En realidad, todos estos temores contribuyen a fortalecer nuestros vínculos con las personas que nos rodean y a reforzar el sentimiento de grupo. Los motivos por los cuales estos miedos fueron seleccionados son obvios: Sin el respaldo de una comunidad, la supervivencia del individuo se ve fuertemente comprometida. “¡No aceptes camelos de extraños!” Esta frase tan de moda por las madres de antes- posiblemente las de ahora estén más en línea de: “¡No chatees con desconocidos!”- alimenta otro tipo de miedos que se acumulan a lo largo de la vida. Se trata de miedos aprendidos, y no solo proceden de las advertencias de otros, también se nutren de las experiencias vividas en primera persona. De hecho, el cerebro está especializado en recordar situaciones traumáticas.
El neurocientífico Joseph de Loux, principal descubridor del camino neuronal  que recorre el miedo en el cerebro, asegura que cualquier recuerdo teñido de esta emoción se vuelve intenso y casi imborrable. No importa que hayamos sufrido un atraco hace dos años, cada vez que pasemos por una calle parecida al lugar donde se produjo el desagradable infortunio, se nos erizará el vello y el corazón se acelerará porque nuestro cerebro recupera aquel recuerdo y el miedo asociado. Por el mismo motivo, si hemos vivido un desamor, ciertos recelos aflorarán ante la posibilidad de enamorarnos otra vez. El miedo vivido profundiza la muesca que deja un recuerdo en nuestro cerebro y, en cierta manera, nos acaba condicionando el futuro. Esta es la estrategia mediante la cual nuestro organismo esquiva el peligro.  
Pero, como hemos visto, en ocasiones también nos sorprendemos disfrutando de experiencias temerarias. De no ser así, no se explicaría el auge actual de los deportes de riesgo. Lo cierto es que estos comportamientos no se pueden achacar a desajustes ocasionales en el circuito del miedo sino a otra ruta neuronal conocida como el “centro de recompensa”. Esta región tiene como objetivo reforzar positivamente acciones que, evolutivamente, se han seleccionado como favorables, activándose, por ejemplo, cada vez que comemos o practicamos sexo. Para conseguir su cometido, el centro de recompensa libera un neurotransmisor, la dopamina, que inunda el organismo de un inmenso placer. En efecto, el éxito de este circuito reside en las bondades de esta sustancia, pues es el recuerdo de las sensaciones que provoca lo que  nos incita a repetir, es decir, lo que hace que nos apetezca ingerir comida o mantener relaciones sexuales de nuevo. Pero lo verdaderamente fascinante sobre el funcionamiento del centro de recompensa es su relación con el miedo. Hace tan solo unos meses, el equipo del neurocientifico Joe Z. Tzien, del instituto de Ciencias de la salud de la Universidad de Georgia (EE. UU.), implantó una serie de electrodos en el centro de recompensa del cerebro de varios ratones con el fin de medir su actividad neuronal durante un experimento. Tzien sometió a los ratones a dos tipos de ejercicios: O les ofrecía un terrón de azúcar o los empujaba desde una altura de 30 cm, distancia más que considerable para un animal de apenas 6cm. Los investigadores comprobaron que a los ratones se les activaba el circuito de la recompensa tanto si se les premiaba con un dulce como si se les lanzaba al vacío, y que, por tanto, sentían los efectos de la dopamina indistintamente. En concreto, el 30% de las neuronas del centro de recompensa se activaban y estimulaban la secreción de dopamina ante situaciones de miedo.

                          
¿Reaccionamos igual al comer chocolate que al caer desde lo alto de un edificio? No del todo. Pero lo que esta investigación constata por primera vez es que el miedo, además de prepararnos para huir o luchar ante una amenaza, también acciona el interruptor cerebral de la dopamina actuando en cierto grado como fuente de placer. Controvertido o no, este hecho explicaría algunas adicciones basadas en el riesgo, como sería el caso de la ludopatía o los deportes extremos, y esclarecería por qué mucha gente se siente fascinada por el miedo y contempla en un mismo plano tirarse en paracaídas y disfrutar de un suculento manjar.
Por otro lado, y desde una mirada evolutiva, con estos hallazgos el miedo también adquiere una nueva dimensión. Su vinculación con el placer lo convierte en protagonista la hora de progresar. Arriesgarse no es fácil; pero a veces es la única forma de prosperar. Y tener a la dopamina como aliada supone una gran ventaja. ¿Es esta la razón por la que nos volvemos a enamorar a pesar de los fracasos vividos? Los expertos así lo creen. También es evidente que este mecanismo premia la iniciativa, el “ser emprendedor”, conductas que han salpicado la historia de la humanidad  y que han salvado a nuestra especie de la extinción.