"Yo no pretendo enseñarte lo que es el mundo me falta también, pero vale la pena disfrutar cada día con mas Flow. Di lo que sientas, has lo que piensas, da lo que tengas y no te arrepientas. Serás del tamaño de tus pensamientos, no te permitas fracasar y sino llega lo que esperabas no te conformes jamás te detengas... No te límites por lo que digan, sé lo que quieras, pero sé tu mismo, y ante todas las cosas nunca te olvides de Dios".

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jueves, 1 de septiembre de 2011

Preocúpate por despreocuparte

Quizá no te has dado cuenta pero gastas una gran cantidad de energía cuando te preocupas por algo. Una energía que necesitas para contrarrestar esa preocupación y ponerte en marcha.

Es una forma de quejarse
Todos nos preocupamos a veces. Algunos además se quejan, pero ambas cosas pueden llegar a ser una actitud enfermiza. Preocuparte es una forma de queja también, porque mientras te preocupas, estas diciéndole al mundo y a ti mismo que no puedes hacer nada, salvo sufrir tensión y nervios. Te lamentas, al fin y al cabo, de tu situación. Por lo tanto, la preocupación exagerada y reiterativa no es real, sino que es la forma equivocada que algunas personas tienen de ver su vida y el mundo debido a los pensamientos alarmistas. La exageración en las preocupaciones la ponen ellas como medio de autoprotección ante cualquier cosa que huela a peligro. Estas personas ni siquiera se plantean la posibilidad de luchar por algo que desean, pues su excesiva preocupación les crea un temor muy difícil de superar.
Lleva a cometer equivocaciones
María teme suspender el examen. Se ha estado preparando para ello durante meses. Ha estudiado muchísimo pero la noche antes no puede dormir porque le preocupa suspender. Se da cuenta de que tiene el 50 por ciento de posibilidades de aprobar, pero esto no le consuela porque la otra mitad hace que sea posible que suspenda. Indudablemente, María no está pensando bien. Está confusa y por eso se equivoca también al imaginar el resultado. No tiene la mitad de probabilidades de aprobar  sino casi el 90 por ciento, pues ha estudiado mucho, pero en estos momentos su preocupación hace que se olvide de lo que se ha ocupado de hacer por adelantado mientras se preparaba para su examen. El miedo que le causa la preocupación, provoca que su mente genere pensamientos negativos de fracaso.
Cuidado con los planes
Cuando planeamos algo, es lógico que nos pongamos a prever los obstáculos con los que podemos encontrarnos. Para ello usamos la imaginación y recreamos las distintas posibilidades que pueden darse. Pero lo difícil está en distinguir que solo estamos imaginando posibilidades, para no confundirlas con realidades. En la medida que te anticipes a los obstáculos que puedes encontrar en el camino, puedes imaginar los pasos necesarios para resolverlos y las herramientas que crees que vas a necesitar. Así consigues que tu esfuerzo sea completamente eficaz y realmente útil. Para lograrlo ten siempre en cuenta la diferencia que existe entre prever y preocuparse. Es importante que sepas  que no siempre sale todo como lo has planeado. Alejandro Magno decía que uno de los secretos de éxito en la batalla era, además de planearla con una buena estrategia, saber que debía cambiarla incluso en el último momento, si lo veía necesario. Recuerda siempre que los planes los haces tú.
                     

Párate y mira con distancia
Preocuparse ante una situación difícil es una respuesta que no sirve de mucho, salvo para empeorar las cosas. Provoca un estrés que te debilita y un desgaste de energía. Además, acaba con tu ánimo y tu autoestima, haciendo que te sientas incapaz de encontrar una solución. Cuando te preocupas, es porque piensas solo en el problema. Pero para solucionarlo, tienes que distanciarte de él. Pararte, respirar, mirar con distancia, y abstraerte del problema es la mejor manera de recuperar las fuerzas, para dar con la solución. “No  podemos solucionar los problemas con el mismo razonamiento que usamos al crearlos” (Albert Einstein). Sin embargo, ¿cómo dejar de preocuparse? , ocupándote de despreocuparte.
¡Ocúpate!
Ocuparse es, al contrario que preocuparse, un proceso que te llevará directamente a dar con la solución a tu problema. Para empezar, tendrás que admitir que el problema existe. Esto es algo que a veces también cuesta, pues parece que si lo admitimos es cuando lo creamos pero en realidad, es precisamente lo contrario. Admitir que el problema existe es el primer paso para hacerlo desaparecer. Después, sé consciente de que ocuparte de ello es un proceso constructivo en el que tú mismo empiezas a convertirte en parte de la solución. Esto ocurre  cuando dejas de pensar en el temor para ocuparte de buscar una solución práctica. Por eso frena tus pensamientos y tus miedos, tus dudas y esa comezón que te corroe, y empieza a moverte hacia la construcción de un puente que te sirva para cruzar al otro lado.
¡Muévete!  
Hay un cuento que ilustra muy bien de lo poco que sirve que te preocupes. Había una vez dos ranitas que cayeron en un recipiente con nata. Empezaron a nadar y a patalear pero esto hizo que se hundieran más, hasta quedar sin fuerzas. Desesperada, una de ellas dijo: ¡No puedo más! ¡Es imposible salir de aquí! ¡Nunca lo conseguiremos! La otra más optimista y con ganas de sobrevivir, le contestó: ¡No te rindas! Solo nada despacio. Pero su amiga se negó: ¿Por qué voy a esforzarme si igual voy a morir? Dejó de patalear y se hundió en el líquido espeso. La otra, más persistente y positiva, decidió luchar hasta el final, ocupándose en hacer lo que estuviera en su mano. Siguió chapoteando sobre la nata durante dos horas, hasta que de tanto patalear, convirtió la nata en mantequilla. Sorprendida dio un salto hasta el borde del recipiente y se marchó a casa. A veces cuesta ver la solución a los problemas, pero si te ocupas haciendo lo que está en tu mano, la situación mejorará y hallarás la forma de salir a flote, como lo hizo la ranitacon su actitud  positiva.

Hallar el camino
Para ocuparte en vez de  preocuparte, empieza a tomar medidas constructivas que hagan la diferencia entre el problema y la solución.
Estudia el terreno: Ante una preocupación. Lo primero es observar con calma para poder ver el problema como realmente es. Analiza la situación intentando no dejarte llevar de la preocupación en este primer paso.
Descarta lo negativo: Encontraras obstáculos. No tengas en cuenta estos aspectos negativos. Siempre hay un camino y una puerta que abrir.
¿Qué puedes hacer?: Escribe o piensa en aquello que está en tus manos hacer. Ten en cuenta todas tus ideas porque te servirán en algún momento.
Distingue lo que no puedes hacer: No siempre todo está en ti ni en tu camino. Habrá cosas que no podrás hacer y que quizá le correspondan a otros. Tenlas en cuenta para ser consciente de que no todo depende de ti.
Planea: Un camino comienza con un paso. Dedícate a hacer un plan de acción. Planea el orden en el que debes actuar y empieza a hacerlo.
Intuye: Ayúdate de tu guía  interna. La preocupación oculta tu voz intuitiva pero, si te relajas, verás que sigue ahí, guiándote.
¿Qué síntomas tienes?: Los síntomas físicos y emocionales son signos que te marcan el camino. Si te sientes feliz con lo que estás haciendo, es una señal de que el resultado será positivo.
Escucha a los que te quieren: Pueden ser un apoyo muy útil para solucionar los problemas.
Hazlo a tu manera: Tú decides cómo y cuándo actuar.
Ponte en marcha: Solo te queda empezar a caminar. Cuando des el primer paso, todo será más sencillo. ¡Preocúpate por despreocuparte! 

domingo, 31 de julio de 2011

Canaliza bien la Ansiedad

¿Sabias que de un 15 a un 20 por ciento de personas en España padecen estrés o ansiedad? En el último año ha habido más de dos millones y medio de personas que han padecido un trastorno de ansiedad y solo un tercio ha recibido tratamiento. Las consecuencias derivadas del estrés son varias y muy negativas:     
-Modifica hábitos relacionados con la salud y el cuidado personal, aumentan conductas como dormir poco, beber, fumar y comer en exceso.
-Puede ocasionar dolores de cabeza, tensión muscular, problemas digestivos, cardiovasculares o sexuales e incrementa la probabilidad de desarrollar enfermedades inmunológicas.
-También puede afectar a los procesos cognitivos superiores como atención, memoria, toma de decisiones… Por todo esto conviene aprender a manejar el estrés, conocerlo y así poder combatirlo. 

Cómo diferenciar ansiedad de estrés    
Ante un examen, diremos que estamos ansiosos o nerviosos. Pero si hablamos de la época de exámenes, diremos que estamos estresados. En cuanto al trabajo, hablamos de estrés laboral (“Mi trabajo es muy estresante”), nunca de ansiedad. Solo nos percibiremos ansiosos cuando estemos en una situación de riesgo. La ansiedad se relaciona con estados negativos y con nuestra respuesta a lo que ocurre en el día a día. El estrés, sin embargo, es la interpretación que hacemos ante situaciones compuestas por estímulos  positivos (nacimiento de un hij@) o negativos (exceso de trabajo). En ocasiones la ansiedad se convierte en patológica, disparándose de forma imprevista en acontecimientos triviales.                                                                             
                                                                                
         10 Recursos Antiansiedad

Identifica los factores que te provocan malestar. Si no sabes qué te causa úlcera, la subida de tensión o el insomnio, no podrás tomar medidas para protegerte. Analiza tus motivaciones, ambiciones, hábitos y puntos débiles. Conocerse mejor solo requiere un poco de  dedicación y estructuración de los propios pensamientos.
Busca satisfacciones en todas las áreas de la vida: El hogar, el trabajo, aficiones y amigos.
Para sobrevivir, libra solo las batallas importantes, e ignora las triviales. Si tu familia está atravesando un período en el que eres “especialmente necesario”, no te involucres demasiado profesionalmente e ignora los intentos de persuasión para incrementar tu horario en el trabajo.
Toma las riendas de tus problemas y preocupaciones. Haz una lista con todo lo que te preocupa y al lado escribe qué vas a hacer al respecto. Poner por escrito tus problemas tiene un valor terapéutico. Es más fácil resolver dificultades una vez sacadas a la luz.
No temas manifestar tus emociones. Aunque en el ámbito laboral se considera un signo de debilidad, nada hay más dañino que reprimir  las emociones y sentimientos.
Aborda los problemas que crean tensión. Es mejor afrontar tensiones a corto plazo que dejar que se acumulen y se conviertan en ansiedad.
Intenta tener tiempo para acabar las cosas que comienzas  y realizar cada tarea sin tener la atención dividida en otras cuestiones. Sé realista en cuanto a la cantidad de trabajo y establece un orden de prioridades. Al final del trabajo anota las cinco cosas más importantes que tengas que hacer al día siguiente.
Revisa en tu ambiente laboral: Ruido, luz, personas a tu alrededor. Si algo te ocasiona tensiones, procura cambiar la situación. Reorganiza la posición de tu mesa o lleva una planta. Pequeños cambios pueden mejorar la situación. Si no puedes cambiar nada, contrarresta las condiciones negativas con una actividad compensatoria en los descansos o después del trabajo.

Cuando tengas pensamientos negativos pregúntate:  ¿qué hora del día es, he comido recientemente, cuándo hice ejercicio por última vez, cuanto he dormido esta noche?. Si algunas de las respuestas te indican que te encuentras en un momento de baja energía (en los que suelen aparecer pensamientos negativos), frena tales pensamientos y aplaza tu decisión para cuando tu energía se encuentre en niveles más óptimos. Generando así pensamientos positivos, que se traduzcan en actitudes positivas, que te permitan disfrutar más equilibradamente tú día a día.
Canaliza tu estilo de vida y cámbialo si es necesario. Si crees que el estrés te ayuda a satisfacer tus ambiciones, sus efectos serán mínimos. y  aunque suene paradójico en este caso, se trata de un estrés que no es perjudicial.  


                                                           

sábado, 23 de julio de 2011

Personas que cuidan de personas…

Esto suena a la publicidad de  "Mapfre seguros" (1ª seguradora Española).  Pero   No es así, estos se llaman casos de vida la real, y no estamos excentos de que nos corresponda súbitamente  desempeñar la tarea de cuidar a familiares o amigos que dadas las circunstancias, desafortunadamente no puedan volver a valerse por sí mismos. Por eso este post va dedicado a todas aquellas personas, que cuidan de personas. Para motivarlas positivamente  y reconocerles en voz alta tan importante labor que realizan, a la vez que  facilitarles algunas recomendaciones,  porque hay que tener en cuenta que para cuidar, debemos cuidarnos también.  
                                                                    
Isabel de 52 años  de edad, lleva un año cuidando de Juan, su marido, afectado por una enfermedad degenerativa. Sus 4 hijos viven en la misma ciudad, pero debido a cuestiones laborales sólo pueden hacerse cargo de su padre los fines de semana. Aunque ella desde un principio asumió el cuidado como algo natural y voluntario, lo cierto es que, desde hace unos meses, lo que comenzó como una nueva etapa en su vida se ha convertido en una misión imposible. “Al principio me organizaba bien, de hecho, les dije a mis hijos que no tenían que preocuparse, que yo podía sobrellevar la carga, ya que no trabajo desde hace años y disponía de tiempo suficiente. Pero ha llegado un momento en el que me siento agotada, física y psicológicamente. Cuidar de una persona 24 horas al día, siete días a la semana, los 365 días del año… es Agobiante. Llega un momento en el que flaqueas y te encuentras en una espiral sin salida”. Según los especialistas, situaciones como la de Isabel son muy habituales, ya que cuidar es un acto generoso que tiene una  dosis de recompensa, pero si no se planifica puede acabar minando hasta los más fuertes.

El factor emocional es clave 
Aunque se trata de una conducta natural, lo cierto es que algunas enfermedades, especialmente las crónicas, exigen una dedicación exclusiva a los familiares más cercanos.  María Jesús Alarcón, psicóloga clínica y psico-oncóloga de la Asociación Española de afectados por Linfomas, Mielomas y Leucemias (AEAL), explica que “en el transcurso de nuestras vidas, inevitablemente, ejercemos ambos roles, el ser cuidado y el ser cuidador. Sin embargo, aprender a ser cuidadores no es algo automático. No se puede perder de vista el doble reto que supone cuidar: Por un lado satisfacer las necesidades físicas y emocionales del paciente y, por otro, mantener en funcionamiento familiar con normalidad”. Por este motivo, como le sucede a Isabel, no es extraño que estas personas sufran alteraciones emocionales como estrés, ansiedad, tristeza profunda o, en algunos casos, depresión. Dejar el trabajo en manos de la improvisación o del azar puede tener consecuencias fatales.  “Al principio cuando le diagnosticaron la enfermedad  a mi marido, viví una especie de shock, estaba muy angustiada. Después empecé a dormir mal, dejé,  de comer bien y más tarde me invadió la tristeza. Hace unas semanas, cuando noté que caía en picado, fui al médico y comencé un tratamiento antidepresivo”, comenta. En este sentido, Alarcón explica que “lo ideal sería plantearnos cuestiones antes de ser cuidadores, pero suele ocurrir que es una situación repentina y no planificada. Y cuando se trata de un ser querido, mantener el equilibrio emocional es a veces una tarea de titanes: Sufrimos cuando le dan el diagnóstico, durante los tratamientos, por el proceso mismo y pos sus silencios”.
Según María Jesús Luzán, presidenta de la Asociación de Cuidadores Familiares, “el 62% de los cuidadores presentan depresión establecida, sin diagnosticar y sin tratar. Generalmente aprenden a realizar la labor con la técnica ensayo/error, eso genera mucho malestar, ansiedad y frustración. Todos creemos que podemos asumir ese trabajo sin dejar las obligaciones que teníamos hasta entonces. Y al principio funciona, pero después nos rompemos”. Esto fué lo que le ocurrió a María hija única de 34 años, que hace unos meses tuvo que asumir el cuidado de su  padre, enfermo de cáncer. Después de meses entregada por completo  a esta tarea, tuvo que aceptar que su supuesta fortaleza  ante las adversidades había quedado tan reducida que necesitaba apoyo. “empecé a faltar al trabajo, cada día era como una gincana  que asfixiaba. Adoro a mi padre y quería  ayudarle pero estaba desorientada y empecé a sentirme tan débil que no era capaz de darle ánimos. Había caído en una depresión pero no lo sabía, hasta que un día un amigo médico me recomendó que fuese al psicólogo. Ahora tengo claro que para cuidar primero hay que cuidarse uno mismo, aprender a delegar y, en la medida de lo posible mantener tu propio espacio”. Como indican los expertos, atender nuestras necesidades no es desatender al enfermo, sino ayudarlo.
Síndrome del cuidador   
Dificultades para conciliar el sueño, agotamiento, sentimiento de angustia… Son tan sólo algunos de los trastornos del “síndrome del cuidador”, una alteración que afecta al 80% de las personas que prestan cuidados y asistencia a un enfermo dependiente. Los expertos aconsejan tener en cuenta varios aspectos: “Es importante informarse de cómo  atender los cuidados físicos del paciente, qué material o medicación tener, saber cómo actuar si hay una urgencia y conocer cómo cuidarnos nosotros mismos. Además, entrenarse en alguna técnica reductora de la ansiedad, como la relajación, la hipnosis o el yoga, aumenta la resistencia al estrés”, explica María Jesús Alarcón. Según la experta, sentir que somos útiles y podemos acompañar y aliviar al enfermo convierte en POSITIVA una tarea que se por sí es muy dura y difícil. 
 Éste es el caso de Antonio, de 47 años, que lleva dos años encargado de su hija menor, que quedó en silla de ruedas tras sufrir un accidente automovilístico. Desde un principio planificó todo con su mujer, Andrea, y empezaron lo que ellos mismos denominan “una nueva etapa”. “Desgraciadamente, un familiar cercano había pasado por una situación similar, así que no dudamos en seguir su ejemplo.   Además, dentro de todo lo malo son muchos los amigos y seres queridos que han demostrado su apoyo incondicional, y hemos afirmado nuestra escala de valores. Aunque resulte extraño, sentimos que somos algo más afortunados de lo que creíamos.”                                                                      
                                                                  
                                                                                                                                                                                                                                           
        Recomendaciones
1.    Organizar el tiempo y valorar la posibilidad de apoyo por parte de otras personas o, si resulta necesario, conocer, conocer las diferentes opciones de cuidado profesional. Además buscar apoyo emocional es siempre una buena opción.
2.    Reservar un tiempo al día para descansar o realizar aquellas actividades que realizábamos antes. Así como mantener el contacto con familiares y amigos. Dormir lo suficiente y alimentarse
de manera adecuada. Asimismo realizar ejercicio  físico de forma regular puede ayudarnos a estar mejor.
3.    Antes de desarrollar nuestro papel de cuidadores. Debemos plantearnos varios aspectos: Cómo podemos atender al paciente, qué podemos hacer si surge una situación de emergencia, qué actitud debemos mantener para no descuidarnos a nosotros mismos…
4.    El factor emocional resulta clave, y puede dificultar nuestra intervención. Es muy importante reflexionar sobre los beneficios que puede  aportarnos el cuidado.
5.      Cómo mediadores debemos mostrarnos comunicativos con el enfermo, pero también expresar nuestros sentimientos y nuestras necesidades.                    
                                                                                               
             

miércoles, 20 de julio de 2011

Acepta la vida y vive sin estrés (2ª parte)

PROCESO DE ACEPTACIÓN                                                         
-Siempre viene cargado de opciones, de creatividad, de tranquilidad, mientras se espera a que las condiciones sean las adecuadas.
-Se acompaña de una mayor conciencia. Así, el momento nos esté indicando que lo más adecuado es no hacer nada.
-Genera ilusión, y en esa actitud tendremos la lucidez de saber cuál es el siguiente paso y el momento oportuno para darlo.
-Aceptar es amistarse con los fantasmas, con las sombras, con el miedo, con “el otro que hay en ti”, sentarse en la misma mesa con el dolor, mirarle a los ojos e incluso compartir un café.

PONTE EN ACCIÓN
Todo pasa por aceptar. Aceptar que, dentro de las situaciones que nos inquietan, existe un alto porcentaje de circunstancias que se escapan totalmente a nuestro control. No podemos controlar el trabajo de otros, que el clima cambie nuestros itinerarios, que la situación económica mejore, que nuestros seres queridos no enfermen o que el jefe se haya levantado malhumorado. Si alimentamos  en nuestro pensamiento la búsqueda de soluciones a lo que no controlamos, terminamos exhaustos y vencidos, con toda la razón. Cuando algo no depende absolutamente de nosotros, por más que le demos vueltas en nuestra cabeza, nada lograremos transformar. Más bien todo lo contrario: Entraremos en ciclos de preocupación, que si no logramos detener, consumirán nuestra energía, nuestro tiempo y muy probablemente pasarán factura al desempeño de nuestras tareas personales y laborales.
De ahí la importancia de distinguir con claridad las situaciones sobre las que podemos tomar decisiones, sobre las que directamente podemos incidir. Entonces la preocupación se transforma en un proceso creativo dirigido a construir las estrategias precisas y a evaluar los tiempos correctos. En cada situación la vida nos está pidiendo detenernos, observar y preguntarnos: ¿Esto que me ocupa, que está consumiendo mi tiempo, tiene que ver con algo que yo pueda hacer para transformarlo?, Si la respuesta es negativa, lo que necesitamos es atender nuestro cuerpo y necesidades, mientras afuera amaina el temporal.

A MAYOR ACEPTACION, MENOS ESTRÉS  
Si decides iniciar el proceso, si te comprometes con la observación compasiva de ti mismo, la aceptación será una cualidad que impregnará de vitalidad tus actos, te permitirá sentirte ligero por la vida, ya que implica soltar expectativas y esperanzas, y poco a poco irá transformando esos ojos con los que crees ver el mundo. Si empezamos a aceptar que la vida es esta, tal cual, la de hoy, que nada es bueno o malo, en sí mismo, simplemente “es”, muy seguramente el estrés no tendría lugar. El estrés está directamente relacionado con nuestra capacidad de aceptar, ya que el conflicto interno diario entre lo que es y lo que debería ser, ocupa nuestra mente cargando nuestros actos con su resistencia y dejando poco espacio a la creatividad. Vivir estresados significa vivir en la “no aceptación”, es un indicio de que hay situaciones en la vida personal y/o laboral que no terminamos de aceptar. Significa que probablemente, intentamos controlar en exceso el curso de la vida, cuando lo mejor que podemos hacer es dejarla fluir tal cual venga y aceptarla con agrado.