"Yo no pretendo enseñarte lo que es el mundo me falta también, pero vale la pena disfrutar cada día con mas Flow. Di lo que sientas, has lo que piensas, da lo que tengas y no te arrepientas. Serás del tamaño de tus pensamientos, no te permitas fracasar y sino llega lo que esperabas no te conformes jamás te detengas... No te límites por lo que digan, sé lo que quieras, pero sé tu mismo, y ante todas las cosas nunca te olvides de Dios".

domingo, 17 de julio de 2011

¿Porqué elegimos relaciones tóxicas?

No aprendo, siempre doy con el mismo tipo de hombre indeseable. Puede que no sea tu caso, pero todos tenemos algún amigo o familiar que sólo encadena parejas que le hacen sufrir. Son las llamadas “relaciones tóxicas”, que producen frustración, dolor, y dejan la sensación de que nos has utilizado.


Por qué sucede:
Este patrón se repite porque la persona tiene una visión distorsionada de lo que es una relación de pareja. No percibe los efectos destructivos del otro, solo siente una ciega atracción que no puede reprimir, reduciéndose a lo que piense, diga o haga el otro. Existen distintas teorías psicológicas que tratan de explicar por qué sucede.
El conductismo:
Argumenta que estas relaciones son modos aprendidos de vincularse que deben “desaprenderse” para ser sustituidos por conductas más sanas.
El existencialismo:
Las concibe como parte de un proyecto de vida de la persona en el que el sacrificio es sinónimo de realización personal.
La teoría psicoanalítica:
Sostiene que son relaciones basadas tanto en el placer como en la hostilidad, semejantes a relaciones traumáticas vividas en la infancia.
Las teorías cognitivas:
Afirman que las personas que  sufren se empeñan en ver la realidad que quieren ver teniendo total control y autonomía sobre la misma para modificarla o continuar atado a experiencias pasadas, que nutren dicha conducta. 

Encuentra el equilibrio en el amor
Se esté en pareja o soltero, la principal razón de sentirnos desdichados es creer que no nos aman. Sin embargo, de lo que no somos conscientes, en muchas ocasiones, es  que el amor no es innato, sino que requiere un aprendizaje, a veces largo. Además como señala la psicóloga Isabel Menéndez en su libro la construcción del amor, el desarrollo psíquico  juega un papel muy importante, ya que se aprende a amar cuando estamos en paz con nuestro pasado y nos aceptamos tal cual somos. Alcanzada esa madurez emocional, buscamos satisfacer nuestros más íntimos deseos, disfrutando de una visión de amor basada en el equilibrio. Para llegar a este estado y que la relación sentimental se mantenga  en el tiempo, la autora recuerda algunas condiciones que toda pareja debe reunir:
-Ser capaces de reconocer y superar las crisis, para que el vínculo amoroso se haga más fuerte.
-Conectar sexualmente, sin olvidar que no se puede mantener la misma pasión que al comienzo de la relación.
-Admirarse mutuamente. Ver al otro como el “mejor” en algo.
-Alternar los roles. A veces uno lidera y el otro se deja llevar, pero ninguno tiene siempre el papel de “fuerte” o “débil”.
-Ser muy tolerante con los defectos de la pareja, para poder disfrutar de  lo bueno que aporta a la relación.


                   

                                                        
                                                            

martes, 12 de julio de 2011

Bueno o malo, amanecerá y veremos…

 Mi madre, que, como todas las madres es muy sabia, a veces, cuando me pasa algo, me dice:”sea bueno o sea malo, amanecerá y veremos”, porque  lo que en un momento determinado piensas que es malo para ti puede acabar siendo bueno.
Explica Jenny Moix en una entrevista, cuando le preguntaron si algunas veces nos preocupamos más de lo necesario.”La vida es tan complicada y tan compleja que nunca sabemos si lo que pasa va a ser para bien o para mal.” Algo que la psicóloga ejemplifica con un conocido cuento:” A un campesino se le escapa un caballo y la gente le dice: ‘Que mala suerte, ahora no podrás arar el campo’, a lo que el campesino responde: ’Malo o bueno, ya se verá ‘. Al cabo del tiempo regresa el caballo con una yegua y la gente le dice: ‘Que suerte, ahora, tienes dos caballos’, y el campesino vuelve a decir: ‘Bueno o malo, ya se verá ‘.Entonces, su hijo, montando a la yegua se cae y se rompe una pierna, y los vecinos dicen al campesino: ‘!Que mala suerte!, ahora no tendrás a nadie que te ayude ‘, a lo que él responde una vez más: ‘ Bueno o malo, ya se verá ‘. Poco después estalla una guerra en el país y reclutan a todos los jóvenes del pueblo menos al hijo del campesino por tener la pierna rota...
COMO EN EL CUENTO LO APARENTEMENTE MALO PUEDE ACABAR SIENDO UNA SUERTE, Y A LA INVERSA.”   
 Pero es precisamente ese no saber qué consecuencias tendrán los giros inesperados que nos depara la vida una de nuestras principales causas de inquietud y malestar.  Buscamos afanosamente un espejismo de seguridad y rechazamos los cambios, sin darnos cuenta de que, lo queramos o no, éstos son parte inherente a la vida. “Es precisamente ese apego a las cosas, como si fueran inmutables, una de las grandes fuentes de sufrimiento”.

Por consiguiente, ese miedo que asumimos frente al cambio es el que nos  lleva a vivir según premisas rígidas que nos aportan una falsa sensación de seguridad y que a menudo nos restringen, impidiéndonos evolucionar y lastrando cualquier opción de felicidad.
Ahora bien está claro que no podemos elegir todo lo que nos ocurre en la vida y que todos vamos a pasar en un momento u otro por situaciones difíciles: Sufrir un accidente, perder un empleo, vivir un desamor…En esas situaciones adversas, la felicidad  puede parecer una posibilidad improbable, pero lo cierto es que casi siempre nos sobreponemos. Incluso con el transcurso del tiempo podemos llegar a sentir que superar una dura prueba nos ha demostrado que podemos confiar más en nosotros mismos, o incluso que aquello que en primera instancia parecía  un contratiempo insalvable ha acabado teniendo un resultado beneficioso. Todo es cuestión de actitud,  una actitud positiva,  que sabe reconocer lo que nos ocurre, sin evadirnos para evitar el dolor, para poder aceptarlo si no está en nuestras manos cambiarlo o poder afrontarlo si podemos modificar las circunstancias que nos tocan vivir. En síntesis ”Aceptar el sufrimiento, lo reduce. No aceptarlo lo aumenta.”